lunes, 15 de septiembre de 2008

Las lágrimas de San Lorenzo



—No quiero necesitarte.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Porque no puedo tenerte.


Conversación entre Robert Kincaid (Clint Eastwood) y Francesca (Meryl Streep) en Los puentes de Madison.


Desde hace muchos años, reservo un día de mediados de agosto para subir a la montaña y en el lugar más obscuro que pueda, disfrutar de un espectáculo increíble, las lágrimas de San Lorenzo.

Ha habido años en los que prácticamente no sucedía nada, pero en otras ocasiones he visto rasgarse el cielo. A la vista de alguna, especialmente espectacular, estrella fugaz no puedo privarme de manifestar en silencio un deseo.

Siempre ha sido el mismo. Siempre es el mismo. Y el hecho que año tras año se repita lo explica ya como un deseo inalcanzable. Un sueño. Una fantasía imposible.

No siempre fue así. Hace tiempo todavía creía en la remota posibilidad de verlo convertirse en realidad, pero hoy ya tengo la certeza que nunca será así. Pero no por ello dejo de perseverar y no por ello dejo de continuar deseándolo.

Como decía Randy Pausch y enlazando así con la entrada anterior: "la experiencia es lo que obtienes cuando no obtienes lo que querías."

lunes, 8 de septiembre de 2008

Alcanzado los sueños de la niñez



Dice una amiga: “debes estar bien porque hace tiempo que no escribes”, una curiosa reflexión que probablemente sea acertada. Me está resultando muy extraño este año de mi vida, en el que, casi sin darme cuenta, he pasado de los vagones silenciosos de los trenes daneses que tanto me sorprendieron en invierno, a un verano lleno del estrepito de una de las ciudades más ruidosas que conozco: Nueva York.

Era mi intención hacer algún apunte sobre la experiencia de este, mi reciente viaje a la capital del mundo, cuando de nuevo algo vino hacia mí y se apoderó de mi voluntad, Randy Pausch.

Hace tiempo que conocía la historia de la última conferencia de Randy Pausch, esa costumbre que tienen algunas universidades norteamericanas de invitar a un profesor a que de una charla partiendo de la premisa que si tuvieran ocasión de dar una última conferencia cual el conjunto de reflexiones que quisieran compartir y transmitir a los demás. En el caso de Randy, esa era realmente su última conferencia.

Se titula "Really Achieving Your Childhood Dreams” (Alcanzado verdaderamente tus sueños de la niñez), no sabría definir el alegato pero sí que sé que es algo verdaderamente hermoso.

Hasta ahora no había tenido ocasión de escucharla integra con los subtítulos en español, gracias a la página de Kirai he tenido ocasión de acceder a ella.

Aquí está para quien la quiera disfrutar. Como dice Runik en uno de los comentarios del post de Kirai, “Es un vídeo que debería ver todo el mundo por lo menos una vez en la vida, serán unos de los 1:44min mejor gastados de su vida, sencillamente impresionante”.

martes, 27 de mayo de 2008

La buena y la mala suerte


Como los más antiguos ya saben, todos los jueves me reúno con mis amigos en una entrañable comida semanal. Hace tiempo que lo venimos haciendo en una agradable casa de comidas cercana a la Rambla y propiedad de un pakistaní.

Se come bien y el precio es el normal de cualquier restaurante para curritos del centro. Como hace mucho tiempo que nos juntamos allá, tenemos una cierta confianza con el propietario. Y él siempre está encantado de vernos.

Sostiene que mi amiga N trae buena suerte al negocio. Que cuando ella está en el restaurante es una garantía que se llenará y que aquel día la caja será espléndida. Por ese motivo nos trata con deferencia y siempre está pendiente de nosotros. Para él no hay ninguna duda, N es portadora de buena suerte.

Mi amiga es una incansable viajera. Le gusta ir a los lugares más exóticos y extraños. Disfruta con naturalezas extremas y con el conocimiento de gentes y culturas los más diferentes posible a la nuestra.

El verano del 2003, mi amiga N lo pasó en Bolivia, a los pocos meses de regresar estallaba una extraordinaria revuelta social que ocasionó numerosas víctimas y llevó a la caída de un Presidente. El verano del 2006, llevó a mi amiga hasta Etiopía, a su regreso, el país tuvo que hacer frente a una crisis humanitaria sin precedentes, las inundaciones borraron de la faz de la tierra alguno de los poblados por los que pocos meses antes había pasado mi amiga. El pasado verano mi amiga andaba por Birmania, hoy todos sabemos en qué situación se encuentran los desafortunados birmanos. Ah, sí, se me olvidaba, mi amiga también andaba por el Líbano poco antes de la penúltima invasión israelí.

No me atreveré a decir que mi amiga N trae mala suerte a los lugares por donde pasa, pero lo cierto es que a ninguno de nosotros se nos ocurriría ir a un país por el que meses antes hubiera pasado N.

En ningún caso quisiera hacer humor con la desgracia, pero me resulta curioso de que manera tan diferente se puede percibir el concepto de buena o mala suerte. Por supuesto que N no es portadora de buena o mala suerte, la única suerte auténtica es tenerla a ella de amiga.

Pero después de uno de los años más duros que se recuerdan para mi ciudad, apagones, crisis ferroviaria, sequía… mi amiga N deja Barcelona y se va a iniciar una nueva y apasionante aventura personal y profesional en Madrid. Estoy seguro que no va a suceder nada, pero por si acaso me esperaré un tiempo en ir a visitarla.

PS. Amigos y amigas de Madrid, que nadie diga que no le avisé.

lunes, 28 de abril de 2008

Extraños frutos

Hay historias que te conmueven, que te producen una terrible sacudida en el alma, un revolcón inesperado y que además te persiguen durante días y días como queriéndose quedar contigo y pasar a formar parte de tus propios sentimientos. Hay historias que además tienen una banda sonora, una canción, que las hace todavía más persistentes y hay, en definitiva, canciones que son en si la propia historia. Strange fruit (Extraños frutos) es una de ellas.

Descubrí la canción y su historia en el maravilloso blog de JMiur, Vagabundia. Desde entonces no he podido olvidarla y a menudo vuelvo solamente por el placer de escuchar de nuevo a Billie Holiday.

No podría añadir nada mejor a tal y como explica JMiur la historia. Tan solo invitaros a descubrirla en sus propias palabras.

Como adelanto el video de Billie Holiday.



Y la traducción de la canción:

Los árboles del sur dan,
sangre en las hojas y sangre en las raíces,
cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña,
extraños frutos colgando de los álamos.

Escena pastoral del gallardo sur,
los ojos salidos y la boca torcida,
aroma a magnólias, dulce y fresco,
el olor repentino de la carne quemada.

Aquí está el fruto para que los cuervos picoteen,
para que la lluvia lave, para que el viento sople,
para que el sol pudra, para que los árboles arrojen,
una extraña y amarga cosecha.

Hoy Barack Obama puede ser el próximo presidente de los Estados Unidos. En el camino que lo conduce a la Casa Blanca lo acompañan los 3446 negros americanos que fueron linchados entre 1882 y 1998. Strangefruit.org es un memorial en línea para perpetuar su recuerdo.

lunes, 31 de marzo de 2008

El anciano que miraba la Luna



Hace años, a cambio de algo de dinero y con el compromiso de realizar algún trabajito a bordo, un mercante te aceptaba de pasaje y te podía trasladar a algún puerto que fuera su escala o destino. Durante mucho tiempo, el grupo de amigos del barrio planeamos nuestro viaje a Estambul. Como muchas de las cosas que planeas de jovencito, ese viaje no llegó a realizarse, pero siempre quedó el veneno.

Años después, y de una manera muy diferente, el sueño se hizo realidad. Todavía coleaban los efectos del último golpe de estado y las patrullas militares –apenas unos muchachos traídos de cualquier parte de Anatolia que suspiraban por una foto- formaban parte del paisaje habitual, pero la vida, más allá del estado de excepción y el toque de queda se desarrollaba en su aparente normalidad.

Todas las noches, un anciano bajaba de su casa y situaba su pequeño negocio frente a la terraza del café. Consistía en un viejo telescopio enfocado permanentemente a la Luna. El anciano, a cambio de unas monedas, te permitía echarle una buena ojeada, más o menos larga en función de la demanda existente. El telescopio, a pesar de su antigüedad, estaba excelentemente cuidado y la óptica perfectamente limpia. Cuando no había clientes a la espera, el propio anciano mataba el tiempo contemplado el firmamento. Mientras tanto, a su lado, otro anciano cuidaba de su propio negocio, una bascula de baño dispuesta para que el paseante saciará su curiosidad respecto a su peso.

En esos días eché más de una mirada por ese telescopio y, supongo, empecé a enamorarme de la Luna.