viernes, 23 de junio de 2006

Soy una persona afortunada

Vivo en un lugar del mundo que me permite disfrutar de unos privilegios que para la mayoría de los humanos tan solo son sueños quiméricos y utópicos. En mi país, la educación es universal, obligatoria y gratuita hasta los 16 años, y prácticamente el 100% de los niños están escolarizados. La salud es también un derecho universal y la atención sanitaria gratuita, lo cubre prácticamente todo, sea un transplante de corazón o un tratamiento de diálisis. Las pensiones de jubilación o el seguro de desempleo son también derechos universales. En muchos casos los servicios son manifiestamente mejorables o insuficientes, pero la realidad es que existen.

¿En que consisten mis méritos para ser acreedor de dichos privilegios? Simplemente en algo tan arbitrario como que el origen de mi familia se sitúe en un pueblecito del sur de España. Si mi abuela hubiera nacido tan solo 20 kilómetros más al sur, mi situación sería radicalmente diferente. Sería africano y no gozaría de ninguno de dichos privilegios. Podría pasar de tener una esperanza de vida de 83 años (87 si fuera mujer) a los menos de 40 que, por ejemplo, tienen hoy siete países del África subsahariana.

He dicho que era afortunado, pero no es cierto, soy un privilegiado. Tengo un sueldo razonablemente bueno que cubre mis necesidades. Pero en el mundo hay 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar diario y cerca de 3.000 millones, casi la mitad de la población mundial, con menos de dos dólares. ¿Viven?, es un decir.

Como cada año, unos cientos de niños saharauis vendrán a pasar el verano con familias españolas. Muchos de ellos se marearán al subir las escaleras del avión que los trasladaran a España. Son las primeras escaleras que ven en su vida. O se levantarán repetidamente por la noche para comprobar que por el grifo continúa saliendo agua, y que esta no se acaba. Para ellos es algo inexplicable. ¿Qué les diferencia de mi? ¿Qué he hecho yo mejor para vivir como vivo y no como viven ellos? Absolutamente nada. Mi único mérito es haber nacido donde he nacido.

En un mundo dónde muchos pensamos que la monarquía es un régimen anacrónico y que nadie ha de tener derechos o privilegios por su nacimiento, muchas veces los continuamos defendiendo porque no somos conscientes de nuestros propios derechos de nacimiento.

PS. Dentro de 40 o 50 años, los reyes de España y Marruecos, ambos países miembros de la Unión Europea, inauguraran un monolito en recuerdo de los que murieron al intentar cruzar el estrecho. Desde que el 2 de noviembre de 1989, se recogieron los primeros cadáveres en las playas de Tarifa al naufragar una patera, son ya varios miles los que han muerto y serán mucho más. Dentro de 40 o 50 años, establecida la libertad de circulación de personas, ¿para que habrán servido estos muertos?

viernes, 16 de junio de 2006

Por una migajas de cariño

Están entre nosotros, a simple vista nada les distingue del resto de las personas, caminan, beben, comen, hablan… todo igual. Pero llevan sobre sus espaldas el peso de una tremenda losa. Guardan en su interior el secreto de un amor inconfesable.Algo pasa cuando el clásico del amor oculto Poema del renunciamiento, de José Angel Buesa, tiene mas de 20.000 entradas en Google. Otro tanto tiene la versión moderna de la historia, la de Luis García Montero, Aunque tu no lo sepas. No hablamos de las entradas de los autores, si no de cada uno de los poemas. Es evidente que el amor, todo y siendo un sentimiento universal, está mal repartido.

Yo me enamoro de ti, tu de mi amigo, mi amigo de tu amiga y mi amiga de mi. Es un clásico de la comedia romántica y en el cine suele acabar bien. Incluso Carlos de France, el que fuera fundador de Objetivo Birmania, en el que ha sido su único albúm en solitario, Vivo al revés, tiene una divertida canción sobre el tema, Me gusta la salsa. Pero en la vida real todo es distinto. En la vida real no suele ser tan divertido.

Es una pesada losa que las más de las veces se trata de llevar con dignidad. Es un peso en el corazón que duele, que hiere profundamente. Estos amores ocultos suelen ser más fieles y estables que el amor correspondido. En tanto que nunca se concreta en algo real, el deseo se eterniza. Se pasan la mitad de la vida pensando en ella o él y la otra mitad intentando encontrar la manera de dejar de pensar en ella o él. Creo que era Sabina, pero no estoy muy seguro, quién lo decía "lo que me cura me tortura”. Se conforman con un gesto, una mirada, la más mínima señal de complicidad, de afecto. En realidad, mendigan una migaja de cariño.

Puede ser muy romántico, muy bonito y efectivo en la literatura o el cine. Pero no nos engañemos, en realidad es una lata.

PS. Hay una preciosa canción de Pasión Vega que plantea una maravillosa pregunta: "¿Dónde van los besos que no llegan a ninguna parte?". Si alguien tuviera la respuesta…

viernes, 9 de junio de 2006

La trampa de la juventud

Cerca de la ciudad italiana de Treviso, en lo que una vez fue una típica villa veneta, se alza un espacio singular. Diseñado a la manera de una gigantesco jardín zen está el edificio de La Fábrica, lo que se autodefine como el “centro de investigación y desarrollo sobre la comunicación de Benetton”. A sus muchas particularidades se une una muy peculiar, no puede trabajar nadie mayor de 26 años.

Dando una vuelta más de tuerca al absurdo, hemos convertido algo meramente accidental y transitorio en un mito: la juventud. La edad ha pasado a convertirse en un mérito en si mismo, a despecho de cualesquiera otra valoración. Ponemos sobre la espalda de los jóvenes la responsabilidad de ser creativos, originales, innovadores y además rentables. Con la promesa de un futuro esplendoroso que tienen a tocar de manos, aprovechamos y les pagamos una miseria. Y cuando ese futuro se convierta en presente, aparecerán otros jóvenes con la cualidad que a ellos ya les faltará: la edad.

A un joven, lo único que ser la ha de pedir es que actúe como tal. Que se cuestione todo, que no acepte disciplinadamente las premisas que los mayores hemos construido para él. Que sea crítico. Que no acepte disciplinadamente el paraíso mileurista. Pero no. Les decimos que son creativos, innovadores, originales… se lo creen y les explotamos.

Y como la juventud es un valor que cotiza al alza, nos empeñamos en seguir siendo jóvenes por siempre. Hasta hace poco, con la llegada de los años, las mujeres adquirían el don de la invisibilidad y los hombres, al contrario, nos convertíamos en llamativos y patéticos seudo-adolescentes tripudos y calvos. Hoy, la mujer se convierte en imagen clónica de catalogo de cirujano y el hombre continua siendo patético seudo-adolescente pero pasado por el barniz del implante capilar y el gimnasio.

Yo prefiero quedarme con las palabras de Saint Exupéry, "¡Es impresionante la edad de un hombre! Resume toda su vida. Se ha ido ganando lentamente la madurez que le es propia. Se ha hecho contra tantos obstáculos vencidos, contra tantas enfermedades graves curadas, contra tantos riesgos, inconscientes la mayoría. Se ha hecho a través de tantos deseos, de tantas esperanzas, de tantos arrepentimientos, de tantos olvidos, de tanto amor. ¡Que hermosa cosecha de experiencias y de recuerdos representa la edad de un hombre! A pesar de las trampas, las sacudidas, los tropiezos, has seguido avanzando con penas y trabajos como un buen carretón. Y ahora, gracias a una convergencia obstinada de combinaciones felices, estás aquí.”

PS. En La Fabrica no puede trabajar nadie mayor de 26 años, pero el creador de la idea Oliverio Toscani tiene 64 años y el que la ha desarrollado, Lucciano Benetton, 76. ¿Por qué será?