lunes, 15 de septiembre de 2008

Las lágrimas de San Lorenzo



—No quiero necesitarte.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Porque no puedo tenerte.


Conversación entre Robert Kincaid (Clint Eastwood) y Francesca (Meryl Streep) en Los puentes de Madison.


Desde hace muchos años, reservo un día de mediados de agosto para subir a la montaña y en el lugar más obscuro que pueda, disfrutar de un espectáculo increíble, las lágrimas de San Lorenzo.

Ha habido años en los que prácticamente no sucedía nada, pero en otras ocasiones he visto rasgarse el cielo. A la vista de alguna, especialmente espectacular, estrella fugaz no puedo privarme de manifestar en silencio un deseo.

Siempre ha sido el mismo. Siempre es el mismo. Y el hecho que año tras año se repita lo explica ya como un deseo inalcanzable. Un sueño. Una fantasía imposible.

No siempre fue así. Hace tiempo todavía creía en la remota posibilidad de verlo convertirse en realidad, pero hoy ya tengo la certeza que nunca será así. Pero no por ello dejo de perseverar y no por ello dejo de continuar deseándolo.

Como decía Randy Pausch y enlazando así con la entrada anterior: "la experiencia es lo que obtienes cuando no obtienes lo que querías."

lunes, 8 de septiembre de 2008

Alcanzado los sueños de la niñez



Dice una amiga: “debes estar bien porque hace tiempo que no escribes”, una curiosa reflexión que probablemente sea acertada. Me está resultando muy extraño este año de mi vida, en el que, casi sin darme cuenta, he pasado de los vagones silenciosos de los trenes daneses que tanto me sorprendieron en invierno, a un verano lleno del estrepito de una de las ciudades más ruidosas que conozco: Nueva York.

Era mi intención hacer algún apunte sobre la experiencia de este, mi reciente viaje a la capital del mundo, cuando de nuevo algo vino hacia mí y se apoderó de mi voluntad, Randy Pausch.

Hace tiempo que conocía la historia de la última conferencia de Randy Pausch, esa costumbre que tienen algunas universidades norteamericanas de invitar a un profesor a que de una charla partiendo de la premisa que si tuvieran ocasión de dar una última conferencia cual el conjunto de reflexiones que quisieran compartir y transmitir a los demás. En el caso de Randy, esa era realmente su última conferencia.

Se titula "Really Achieving Your Childhood Dreams” (Alcanzado verdaderamente tus sueños de la niñez), no sabría definir el alegato pero sí que sé que es algo verdaderamente hermoso.

Hasta ahora no había tenido ocasión de escucharla integra con los subtítulos en español, gracias a la página de Kirai he tenido ocasión de acceder a ella.

Aquí está para quien la quiera disfrutar. Como dice Runik en uno de los comentarios del post de Kirai, “Es un vídeo que debería ver todo el mundo por lo menos una vez en la vida, serán unos de los 1:44min mejor gastados de su vida, sencillamente impresionante”.

martes, 27 de mayo de 2008

La buena y la mala suerte


Como los más antiguos ya saben, todos los jueves me reúno con mis amigos en una entrañable comida semanal. Hace tiempo que lo venimos haciendo en una agradable casa de comidas cercana a la Rambla y propiedad de un pakistaní.

Se come bien y el precio es el normal de cualquier restaurante para curritos del centro. Como hace mucho tiempo que nos juntamos allá, tenemos una cierta confianza con el propietario. Y él siempre está encantado de vernos.

Sostiene que mi amiga N trae buena suerte al negocio. Que cuando ella está en el restaurante es una garantía que se llenará y que aquel día la caja será espléndida. Por ese motivo nos trata con deferencia y siempre está pendiente de nosotros. Para él no hay ninguna duda, N es portadora de buena suerte.

Mi amiga es una incansable viajera. Le gusta ir a los lugares más exóticos y extraños. Disfruta con naturalezas extremas y con el conocimiento de gentes y culturas los más diferentes posible a la nuestra.

El verano del 2003, mi amiga N lo pasó en Bolivia, a los pocos meses de regresar estallaba una extraordinaria revuelta social que ocasionó numerosas víctimas y llevó a la caída de un Presidente. El verano del 2006, llevó a mi amiga hasta Etiopía, a su regreso, el país tuvo que hacer frente a una crisis humanitaria sin precedentes, las inundaciones borraron de la faz de la tierra alguno de los poblados por los que pocos meses antes había pasado mi amiga. El pasado verano mi amiga andaba por Birmania, hoy todos sabemos en qué situación se encuentran los desafortunados birmanos. Ah, sí, se me olvidaba, mi amiga también andaba por el Líbano poco antes de la penúltima invasión israelí.

No me atreveré a decir que mi amiga N trae mala suerte a los lugares por donde pasa, pero lo cierto es que a ninguno de nosotros se nos ocurriría ir a un país por el que meses antes hubiera pasado N.

En ningún caso quisiera hacer humor con la desgracia, pero me resulta curioso de que manera tan diferente se puede percibir el concepto de buena o mala suerte. Por supuesto que N no es portadora de buena o mala suerte, la única suerte auténtica es tenerla a ella de amiga.

Pero después de uno de los años más duros que se recuerdan para mi ciudad, apagones, crisis ferroviaria, sequía… mi amiga N deja Barcelona y se va a iniciar una nueva y apasionante aventura personal y profesional en Madrid. Estoy seguro que no va a suceder nada, pero por si acaso me esperaré un tiempo en ir a visitarla.

PS. Amigos y amigas de Madrid, que nadie diga que no le avisé.

viernes, 14 de marzo de 2008

De nuevo en marcha

Cuando empecé con todo esto decidí que había dos temas de los que no quería hablar, pertenecen a una esfera de mi vida que no me apetecía compartir, pero las cosas cambian. Y lo hacen porque uno de ellos tiene mucho que ve con esta prolongada ausencia.

La vida no es fácil, para nadie, y cada uno de nosotros arrostra situaciones con las que hemos de aprender a convivir y que nos acaban definiendo y explicando. Desde hace mucho años (demasiados) padezco una enfermedad que ha acabado modelando mi forma de ser, de pensar, de actuar y de relacionarme con la vida y con el mundo.

Durante muchos años, el dolor ha sido un compañero permanente, el más fiel y también el más indeseable. Un constante recordatorio de mi realidad pero también un acicate, hace mucho, mucho tiempo que decidí que no iba a impedirme desarrollar mi vida con plena normalidad y a esa idea he intentado mantenerme fiel y, en la medida de lo posible creo que lo he conseguido.

Pero una cosa son los propósitos y otra la realidad. Como en una extraña ceremonia, cada tres meses, mi médico me somete al HAQ-DI (Health Assessment Questionnaire Disability Scale) un cuestionario que sirve para valorar de que manera afecta la enfermedad a la vida diaria y ahí, en ese test poco a poco me he ido descubriendo.

El me pregunta si tengo alguna dificultad para cortar la comida con cuchillo y tenedor y yo me doy cuenta que no tengo ninguna sencillamente porque hace mucho tiempo que no como un bistec porque no puedo cortarlo, el me pregunta si tengo alguna dificultad para abrocharme los zapatos y yo me doy cuenta que como efectivamente no puedo, uso mocasines... La realidad de la enfermedad ha ido modificando mi manera de actuar.

Pero también la manera de pensar y de vivir. El hecho de no saber de que manera me iba a encontrar en las próximas horas, días o semanas me ha convertido en una persona que vive en la inmediatez. El hacer planes (a medio o largo plazo) me genera angustia y me he descubierto absolutamente incapaz de poder hacerlos.

Esto era así hasta ahora.

Después de tantos años probando todo tipo de tratamientos, desde las sales de oro, a los antimaláricos, pasando por el Metotrexato o la leflunomida, poco antes del verano, mi médico me comento la posibilidad de iniciar un tratamiento biológico con infliximab, después de realizar las pruebas correspondientes y valorarlo a conciencia lo iniciamos hace seis meses y el cambio ha sido espectacular. Hoy soy otra persona.

He pasado de los más de 60 medicamentos que, en épocas malas, debía consumir a la semana a simplemente ir al hospital cada ocho semanas para que durante unas tres horas me inyecten el preparado y a continuación VIVIR.

Te descubres no teniendo que pedir a nadie que te abra una botella de agua, comiéndote un churrasco, llevando zapatos con cordones, disfrutando de las actividades que como ir en bicicleta, el esquí o la montaña, antes eran un acto de afirmación y voluntad y ahora las gozas de verdad. Te descubres haciendo planes, y disfrutando del hecho de hacerlos. Y el dolor, ese antiguo compañero, pasa a ser un recuerdo.

Pero aunque parezca mentira, un cambio así, tan a mejor y tan radical, no tiene porque ser fácil de gestionar. Y no lo ha sido. He tenido que aprender a vivir de otra manera y en eso estamos. Durante muchos años he intentado prescindir de las señales de mi cuerpo porque lo único que hacían era plasmar la memoria de mi enfermedad a tener que estar pendiente de él para prevenir cualquier complicación derivada del tratamiento. En este tiempo he estado muy pendiente de eso. Y también del temor de que las cosas salieran mal, pero no salen mal.

He necesitado mucho tiempo para mi, y lo he tenido. Pero ahora estoy aquí de nuevo, y con ganas de quedarme mucho tiempo. Gracias por la paciencia y hasta pronto.

PS. Siempre me gustó la belleza, la magia y la poesía que encierran los lugares abandonados, pero no me apetecía que el mío lo fuera. No.

lunes, 29 de octubre de 2007

Golpeando las tinieblas


Hay días que parece que todo se tuerce. Que las cosas no suceden de la manera que nos gustaría. Que nuestro paisaje se convierte en una selva ignota, misteriosa y peligrosa. Y hay veces, que esos días se convierten en semanas, en meses...

En días así te puede la desidia, te puede la incapacidad y te vence al deseo de querer hacer, te quedas en la apatía. Cuando todo esto sucede, cuando a tu alrededor, cuando dentro de ti, todos son dudas, necesitas como agua de mayo algunas certezas.

Yo afortunadamente las tengo. Y mis certezas tienen nombre y apellidos. Son mis amigos, mis amigas. Un amigo es, en palabras de Vasili Grossman, “aquel que justifica tus debilidades, tus defectos e incluso tus vicios; es aquel que confirma tu equidad, tu talante, tus méritos. Amigo es aquel que, amando, desenmascara tus debilidades, tus defectos, tus vicios.”

Y es en la certeza de la existencia de mis amigos, de mis amigas, donde encuentro la fuerza de seguir, de salir de ese cascaron donde me refugio rehuyendo de una realidad que me supera. Están, lo sé, lo siento y no necesito más. Volviendo a Grossman, “múltiples son las formas de la amistad múltiple es su contenido, pero hay un fundamento sólido en ella: la fe en el carácter inquebrantable del amigo, en su fidelidad.”

Llevo algún tiempo inmerso en lo que es para mi una nueva realidad. Una realidad que, por ahora, me supera. Una situación a la que me tengo que hacer y que me está llevando mucho más tiempo del que me gustaría. Y eso me está condicionando en diferentes ámbitos de mi vida. Este es uno de ellos.

Soy una persona de “pensamiento ambulatorio”, como lo define Guillermo Martínez. Pienso mientras camino o camino mientras pienso, en realidad escribo mientras camino. Pero en estos días, en estas semanas, en estos meses... cuando camino, me descubro recitando como en una letanía, un extraño mantra que mezcla de manera absurda los poemas de Gabriel Celaya y Blas de Otero: “Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, / mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, / fieramente existiendo, ciegamente afirmado, / como un pulso que golpea las tinieblas, / Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré, como un anillo, al agua, / si he perdido la voz en la maleza, / me queda la palabra.”

Me siento “como un pulso que golpea las tinieblas” e intentando creer que “me queda la palabra”. Pero no es del todo cierto. Las tinieblas esconden las palabras. Hace tiempo que no las encuentro o que para ser más exacto he perdido la fuerza para intentar encontrarlas. Las busco, ciertamente, pero las puñeteras están bien escondidas.

Tal vez sea cómico, tal vez sea trágico. Lo que resulta innegable es que es paradójico: se supone que escribir es de las cosas que mejor se hacer. Y por favor no se admiten comentarios acerca de que si esto es lo mejor cómo deben ser las otras cosas. En el trabajo tiro del piloto automático y sobrevivo, pero aquí no, aquí no puedo hacerlo. Aquí es verdad. Aquí es de verdad.

Desde el verano llevo prácticamente tirando de “nevera”, pero las provisiones se acaban. He ido espaciando las entradas y racaneando en los comentarios de las páginas amigas, pero nunca en su lectura. Me cuesta saber que decir, porque los comentario también son verdad. Pido disculpas por ello, se lo que representan los comentarios se la ilusión que hacen y lo mucho que aportan (al menos a mi y quiero creer que a todos). Intentaré solucionarlo. Pero tal vez durante algún tiempo tenga que seguir “golpeando las tinieblas”.

Un beso muy grande a mis amigos, a mis amigas. A aquellos que tienen nombre y apellido conocido y también a aquellos que para mi su nombre empieza con www. No me rindo, más pronto que tarde volveré a encontrar las palabras.

lunes, 8 de octubre de 2007

Entre locos y cuerdos


El día 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. Establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), tiene como objeto cambiar nuestra forma de ver a las personas que padecen enfermedades mentales.

Hace algunos años y para celebrar este día, el Ayuntamiento de Barcelona decidió organizar una fiesta en una de las plazas del barrio de Gràcia. Además de los consabidos discursos oficiales, había un aperitivo popular, música y baile.

Se congregaron numerosos vecinos del barrio y además una nutrida representación de enfermos ingresados en diferentes centros de salud mental y que, con motivo de la fiesta, disfrutaban de una jornada de libertad.

Lo mejor de la fiesta consistió en el permanente cruce de miradas que nos obsequiamos todos los asistentes. Allá, entremezclados e indistintos, no había absolutamente nada que nos diferenciara a unos de otros. Todas las miradas planteaban un único interrogante, “¿será uno de los locos?” No había respuesta posible. Aquel día aprendí que, vistos de cerca, no hay nada que nos separe a los cuerdos de los locos. Y que, como dice Goethe, “la locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma”.

lunes, 17 de septiembre de 2007

El sentido de la belleza


Confieso que la belleza me resulta un gran misterio. Es un concepto que se escapa completamente a mi afán por racionalizarlo todo.

Sobre la belleza se han escrito grandes tratados filosóficos. Es un tema que viene colgando desde que se lo formularon los presocráticos, hasta hoy que Umberto Eco ha publicado Historia de la belleza.

El maestro Borges decía que “la belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica.” Como casi siempre, tenía razón. Dostoiewsky lo formulaba más secillamente: “es difícil juzgar la belleza: la belleza es un enigma”.

Un enigma que se me manifiesta en numerosas ocasiones. Sobretodo cuando me reencuentro con mujeres que hacía mucho tiempo que no veía y que en su día me resultaban muy hermosas. Una vez superada la sorpresa inicial, la que pone por delante el paso del tiempo, una vez que ha transcurrido ese ligero instante, vuelven a ser las mujeres hermosas que conocí en su día. También me ocurre lo contrario, me reencuentro con mujeres que en su día no me parecían hermosas y a las que el gimnasio y el cirujano les han dado una nueva vida, y que cuando las veo pienso “está bonita”, pero que a los pocos segundos, desvanecida la sorpresa inicial, vuelven a parecerme absolutamente anodinas y pierden por completo su encanto.

Tengo una amiga bellísima y soy incapaz de dejar de expresárselo cada vez que la veo. Ella me contesta “son tus ojos”, daría cualquier cosa porque algún día se pudiera ver a través de mis ojos. Esta semana es un año más hermosa.

Estos últimos días la vida se me ha complicado un poco y no puedo atender las cosas de la manera me que gustaría. Disculpas a todos, espero solucionarlo lo más rápido que pueda.

viernes, 24 de agosto de 2007

Vuelve el fútbol

"¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales." Eduardo Galeano.

Soy futbolero, lo confieso. Mi equipo es, por supuesto, el FC Barcelona. Me gustaría pensar que no soy fanático pero en realidad soy de los que disfruta viendo perder al Real Madrid. Aunque, y esto nunca lo reconoceré en público, alguna vez he disfrutado viéndole jugar y no precisamente perder.

Pero en mi corazón hay sitio para otro equipo, el Atlético de Madrid. Es mi segundo equipo, y lo es desde que tengo uso de razón. Hace muchos años, el fútbol era otra cosa, pienso que mejor. Era normal que los niños acompañaran a sus padres a los estadios y que las aficiones se mezclaran sin ningún problema. Un domingo, cuando yo era muy chiquito, acompañaba a mi padre al Nou Camp para ver un Barcelona-Atlético de Madrid. En la grada teníamos de vecinos a un chaval de mi misma edad con su padre. En apariencia nada nos diferenciaba, solamente el hecho de que él llevaba a su cuello anudada una bufanda rojiblanca y en el mío reposaba una blaugrana. Durante el partido, mientras nuestros padres se apasionaban, discutían y disfrutaban de una tarde de fútbol, nosotros nos dedicamos a lo propio de nuestra edad, jugar, divertirnos, molestar a los mayores y, en definitiva pasárnoslo estupendamente. Cuando acabó el partido, creo que nunca llegué a saber el resultado, nos intercambiamos las bufandas y nos despedimos. Ellos regresaban a Madrid y nosotros a casa.

Por supuesto nunca supe nada más de ellos, pero si que aprendí una cosa. Que detrás de los colores rojo y blanco había una gente maravillosa, y el paso de los años, las experiencias de la vida no han hecho más que confirmarlo.

Es difícil sobrevivir a la sombra del Imperio Blanco, pero es posible porque como dijo alguien, “el fútbol es un sentimiento”. Y hay sentimientos que encarnan una manera de ver la vida. Siempre me han gustado las campañas de publicidad del Atleti y este anuncio define mejor que ningún discurso lo que encarna el Atlético de Madrid.

Visca el Barça, Aupa Atleti

lunes, 20 de agosto de 2007

En la muerte de un amigo


Poco antes de vacaciones murió un amigo. Hacía tiempo que se había instalado en Madrid y como el suceso nos sorprendió a todos fue imposible viajar para despedirle. Decidimos hacer un encuentro para recordarle.

Nos citamos en un lugar donde a él le gustaba mucho quedar. Nos encontramos en Boadas, donde en tantas ocasiones con él había empezado una noche. Eramos bastantes, conociéndolo no podía ser de otra manera. Hicimos una copa, hablamos de él y recordamos los buenos momentos. Eramos pequeños grupos de gente que apenas nos conocíamos entre si.

Estaba la gente del PSUC, la militancia política que nunca abandonó y que, en su tiempo le llevó a la Modelo. Estaba la gente del Ayuntamiento de Barcelona, los que con él trabajamos en Descentralización o en Relaciones Internacionales. Y estaba también la gente de Las Segovias, la ONG a la que dedicó los últimos años de su vida. Gente variopinta unida en el recuerdo común.

Entre nosotros comentábamos
-conoces a ese...
-si es de...
-Ah claro, es de otra vida.


Porque claro, Jordi tuvo muchas vidas, y allá estabamos para testimoniarlo. Nunca entenderá a las personas que, cuando mueren, las entierran con una bandera. Una persona es mucho más que una bandera, sea la que sea. Unos colores no pueden simbolizar la trayectoria vital de una persona. Nosotros, en nuestro encuentro, si que lo simbolizamos.

Un abrazo muy grande Jordi, hasta siempre amigo Forcén.

PS. Es triste volver así, pero era necesario.

lunes, 16 de julio de 2007

La pausa del verano

Me tomo un tiempo. Para viajar, leer, ver crecer la hierba, caminar por la montaña y disfrutar del mundo desde una cima. En fin, para hacer aquellas cosas que me gustan. También para conocer gente, hablar y sobre todo escuchar, escuchar mucho. Y aprender, tratar de aprender de los que saben más y también de los que saben menos.

Este año una vieja deuda con mi hija pequeña me lleva a París, afortunadamente Eurodisney quedó atrás y ahora le apetece conocer la ciudad. Conozco bien París, el trabajo y la vida me han llevado muchas veces, no es de las ciudades que más me apasionan pero tengo muchas ganas de verla a través de sus ojos. Después, el Erasmus de mi hija mayor me lleva a Dinamarca. De Escandinavia solamente conozco Estocolmo y fue por motivos profesionales, será una buena ocasión para ver un poco más y tratar de entender a una gente que la única vez que estuve me resulto francamente extraña.

Finalmente, con un poco de suerte me quedaran unos días para poder ir a mi refugio, una casita en un diminuto pueblo de montaña en el sur de Francia. Allí me espera Camilleri, Mankell y las 919 páginas de la última novela de Almudena Grandes. También los pastores, las vacas, los caballos libres en la montaña, las largas excursiones, los paisajes imposibles, la nieve perenne de las cimas...

Y en un suspiro de nuevo aquí. Os echaré de menos, más de lo que podáis imaginar. Pero nos reencontraremos y seguiremos creciendo, juntos en este invento tan fantástico que nos ha permitido conocernos. Un beso muy grande a todos y hasta pronto. Que el verano os resulte maravilloso.

lunes, 9 de julio de 2007

¡Qué mal lo llevo!

El universo tiene 15.000 millones de años. Es plano y se expande. La tierra tiene 5.000 millones de años. Es redonda y complicada. La vida tiene 300 millones de años. Antes no existió y algún día se acabará.

Todas las cosas que me importan tienen una edad. El papel 1.902 años, no dejo de utilizarlo ni un solo día de mi vida. El reloj 507 años, lo detesto pero no puedo vivir sin él. El inodoro 418 años, absolutamente imprescindible. La fotografía 185 años, fija mis recuerdos. La bicicleta 169 años, hoy no sabría ir a trabajar de otra manera. El saxofón 161 años, si él no hubiera conocido a Stan Getz. La luz eléctrica 128 años, combate la oscuridad, derrota la penumbra. El automóvil 122 años, me da una cierta libertad. La Coca Cola 121 años, fui su esclavo y hoy sé que puedo vivir sin ella. El cine 112 años, me emociona, me divierte, me hace reír, a veces llorar y, a veces, también me aburre. Los ositos de peluche 104 años, si ellos no hubiera podido disfrutar de algunas de las sonrisas más maravillosas de mi vida. La cremallera 93 años, cuantas veces la he utilizado en mi boca. El secador de pelo 87 años, gracias a él, la espera para entrar al lavabo se hace eterna. La televisión 82 años, junto con la hipoteca, el más maravilloso aglomerado familiar. La tostadora 81 años, mis desayunos no podrían ser de otra manera. La guitarra eléctrica 75 años, sin ella no hubiera existido Django Reinhardt. La tarjeta crédito 57 años, de que otra manera se puede llegar a fin de mes. El pc 29 años, sin él, esto no existiría. Los blogs 10 años, el mío algunos menos.

En tal día como hoy pasaron cosas importantes. En 1816 nació la República Argentina. En 1992 Sudáfrica acabó con el apartheid. Y aunque no sea tan importante para mí es vital, en 1937 empezaron a funcionar los primeros semáforos en Barcelona.

Hoy Tom Hanks cumple años y también Courtney Love. Y por muchos rodeos y vueltas que le dé, yo también. Él es un poco mayor que yo, ella un poco más joven.

Borges decía que el tiempo no se podía medir, pues si un día nunca es igual a otro, ¿cómo vamos a medir cosas diferentes?, No vamos a contrariar al maestro, desde hoy dejo de medir el tiempo.

lunes, 25 de junio de 2007

Existen millones de historias


Las hay que son ciertas, otras inventadas. Algunas son vividas, otras imaginadas. Están las vivas y también las que murieron. Hay historias escritas y también las hay reescritas. Todos tenemos nuestras historias. Algunas las arrastramos a su pesar, como si se negaran a venir con nosotros, a otras permanecemos encadenados en una secreta condena. Existen las historias que nos contaron de pequeños y también las que nos inventamos de mayor. El mundo está lleno de historias. El Universo es en si mismo una historia.

Cualquier libro elegido al azar nos descubre un sinfín de historias. En Cortazar descubrimos la de los Cronopios y los Famas. García Marquez nos guía por Macondo. Borges las escribe en libros de arena. Benedetti las rima y al hacerlo las envuelve en sentimiento. Son escritores, y su oficio consiste en capturar las historias para que presas en las páginas de los libros recuperen su libertad en nuestras emociones.

Hay otras personas que prefieren mecer las historias en una delicada armonía. Son músicos. Son compositores. Son cantantes. Así con Serrat navegamos en un Mediterráneo de atardeceres rojos, con Guerra hicimos cola para conseguir una visa para un sueño, con Ruben Blades descubrimos lo que se oculta tras la esquina de una sonrisa, con Nacha nos dimos cuenta que éramos mucho más que dos y con Hilário descubrimos el lado hermoso de la tristeza. Por no hablar del vestido, las flores y las trampas de Aute. Sus historias se nos colaron delicadamente y muchas veces nos descubrimos explicándolas nosotros también en un canturreo susurrado.

Los pintores las agarran y fijan en una tela. Y en esa tela Picasso es capaz de hacernos vivir el horror del bombardeo más salvaje, con Miró nos adentramos en el milagro de la maternidad y con Guayasamin nos desgarramos en un grito.

Pero existen muchas otras historias. Las que nos explican nuestros hijos con su cándida inocencia o las que nos sugieren en sus increíbles preguntas: ¿Papá que hay detrás de las estrellas?

Los pueblos también tienen las suyas. Los indios de América del norte nos cuentan que un día el puercoespin para defenderse de la acometida de un lobo se colocó unas puas que encontró al pie de un árbol y que desde entonces todos los puercoespines tiene púas. Los hombres azules del desierto hablan del matrimonio de la gallina y el lobo. Los aborígenes de Australia tienen sus hombres invisibles y nosotros nuestros gigantes y nuestros ogros.

Yo también tengo mi historia. Y tú. Y la chica de aquí al lado y el hombre mayor que camina por la calle. Todos tenemos nuestras historias y algunos las vamos compartiendo. Un gesto que hace nacer otras historias.

Papini decía que si un hombre cualquiera supiera escribir su historia sería la mayor obra de arte imaginada. Hoy todos lo estamos intentando. Gracias por compartir la tuya.


Actualización. 26 de junio.

Una noticia en El Periódico me ha hecho recordar una página muy curiosa, Bdebarna. Como dice el diario: “Toda gran ciudad es la suma de millones de historias individuales. Historias estas relacionadas con las esquinas, las plazas y las calles de la urbe e ignoradas por el resto de los vecinos. Barcelona cuenta con una web que pone el foco sobre algunas de estas vivencias, las que sus autores han querido compartir. Bdebarna es un mapa donde las calles de la ciudad aparecen trufadas de puntos. Cada punto es una historia vivida en ese lugar”.

A través de Genbeta, me entero de la existencia de Panraven, “un sistema completamente online que permite a los usuarios la creación de sus propias historias, para lo que podrán contar con familiares y amigos, si así lo desean, permitiéndoles colaborar juntos en la creación de dichas historias, que finalmente podrán compartir con quien lo desee e incluso pedir la impresión del libro.”

viernes, 15 de junio de 2007

Motivos y decisiones


De pequeño lo tenía muy claro, quería ser oficial de la marina mercante. Me veía en largas travesías navegando en un petrolero por el Índico o llegando con mi carguero a Estambul que, en aquel entonces, me parecía el summum del exotismo. Podría decir que la vida fue por otro lado, pero en realidad fui yo quien escogió otro camino.

Decisiones trascendentes acaban teniendo motivos fútiles. Si me paro a pensar, tal vez la razón última de mi decisión estribaba en que la Escuela Náutica estaba al lado de casa y la Universidad a kilómetros de distancia. Preferí la libertad de la distancia que la proximidad a casa de mis padres.

No me arrepiento. No acostumbro a arrepentirme de casi nada. Prefiero pasar página, seguir adelante y no perder un segundo en las cuestiones que ya no tienen remedio. Pero en muchas ocasiones he recordado esa decisión, que definió en gran parte mi vida, para no perderme demasiado en intentar averiguar o entender el sentido de las trascendentes decisiones que toman nuestros grandes líderes mundiales o simplemente nuestros compañeros, amigos o jefes y que, en mayor o menor medida, afectan la vida de las personas. Estoy seguro que, en una gran parte, tienen motivos fútiles.

viernes, 8 de junio de 2007

El paisaje de la memoria

Tengo un amigo que da clases en la Universidad y que este año lo ha dejado. Me comenta que lleva mal el saberse cada curso un año más viejo y tener alumnos que siempre tienen la misma edad. Curiosa paradoja, te sientes el mismo, te sabes el mismo –o incluso mejor-, pero la imagen que refleja los ojos de tus alumnos ha ido cambiando y no lo soportas más.

Nuestra vida acaba convirtiéndose en el reverso del Día de la Marmota. Si en la película que protagonizó Bill Murray, él vivía un profundo cambio cuando a su alrededor todo permanecía igual, nosotros, nos sentimos esencialmente iguales mientras a nuestro alrededor todo cambia aceleradamente.

Hace algún tiempo, leía la carta de una entrañable anciana que expresaba la consternación que le producía vivir en un paisaje, en una ciudad que ya no reconocía como suya. Ya no eran sus calles, sus tiendas... En años, su casa no había cambiado, pero fuera de ella todo era diferente. Es como vivir en una especie de bola de cristal, de esas que tienen nieve y casitas, con los años, la habitación va cambiando, pero dentro de la bolita todo permanece igual.

A su manera y con sus palabras, la ancianita proponía mantener algunos puntos de anclaje en la memoria. En concreto proponía recuperar las preciosas entradas al metro que, de estilo modernista, en su tiempo poblaban las calles de Barcelona y que aún hoy pueden verse en Paris. Me parece una estupenda idea, preciosa, romántica y seguro irrealizable. No habría ningún responsable político que se atreviera a gastar dinero en algo tan bello como inútil.

Más allá de sentirme estrechamente vinculado y identificado en su desasosiego, no supe que contestarle. También a mi me cuesta identificarme con mi ciudad. Lo que para algunos puede ser un regalo, para mí es un robo. Muchas veces siento que me han robado el paisaje de mi infancia.

Ya nunca podré pasearme por el bosque grúas del puerto. Esas grúas que convirtió en poesía Salvat Papasseit y cantó Serrat: “de tant com brilla en el cel / sembla una donzella nua” (de tanto como brilla en el cielo / parece una doncella desnuda). Papasseit uno de los mejores poetas de la literatura catalana, pero que para mí siempre será el poeta del barrio. Ya no podré embarcarme con el padre de algún amigo y, aprovechándonos de su condición de práctico, recorrer el puerto desde el mar. Nunca volveré a oler la madera trabajada en el taller del carpintero de ribera. Nunca podré volver a mirar a las mujeres cosiendo las kilométricas redes perfectamente alineadas en el muelle. Nunca podré ir de la mano de mi madre a asombrarme en la subasta de pescado. Nunca volveré a fantasear con ejércitos invisibles y tesoros fantásticos encerrados en los tinglados. Nunca volveré a oír las sirenas que de seguro anunciaban la llegada del padre de algún amigo y ver su cara de alegría. Ya nunca volveré a hacer el amor en la discreción un barquito de pesca amarrado y cedido por algún amigo sorteando con engaños a su padre.

Yo sigo, pero todo mi paisaje se fue. A veces, para recuperarlo voy a un restaurante del barrio que decora sus paredes con fotografía de esa época. Mi infancia, mi adolescencia, están allí. En esas fotografías ¡Dios, que mayor me hago!

Dice Benedetti, “No seamos sectarios: la infancia es a veces un paraíso perdido. Pero otras veces es un infierno de mierda.” La mía, como la de la mayoría, no fue ni una cosa ni otra, pero tenía un paisaje. Y siento que me lo han robado. Ese paisaje es hoy un fantasma que vive entre restaurantes de diseño, embarcaciones de lujo y centros comerciales.

El vídeo de la semana. Joan Manuel Serrat canta a Papasseit. Res no és mesquí.

viernes, 1 de junio de 2007

En la espera

Decía Giovanni Papini que "todo hombre no vive más que por lo que espera", si es así, creo que estoy viviendo mucho. Demasiadas veces me muevo en la sensación de que la vida discurre entre salas de espera. Al precio de todo aquello que queremos, deseamos, necesitamos o soñamos, le tenemos que añadir el impuesto de la espera.

Casi todos vivimos esperando e incluso algunos nacen y viven en Espera. Ayer, más de una hora en la sala de espera de la consulta del doctor. La semana pasada, dos hora en el aeropuerto esperando un avión. De la sala de espera a la lista de espera. ¡En cuantas ocasiones nuestro futuro depende de un número y un nombre en una lista!

Estoy cansado de esperar. Espero un mañana que no llega. Espero un futuro mejor. Te espero a ti, tantos años hace que te espero. Y mientras llegas sobrevivo en un triste compás de espera. Mis llamadas están en espera. Y mis silencios también. Espero sentado. Espero de pie y a todos les digo que esperen.

Es pero y es también. Y no desespero. Espero en la inmensa curiosidad de saber si el final será una Albada o una Alborada. Y en este compás (de espera) vivo sintiéndome una genuina y auténtica Doña Rosita.

domingo, 29 de abril de 2007

Los caminos de la vida

En el marco de la novela histórica, existe un genero específico llamado ucronía. La ucronía, como la define la wikipedia “se caracteriza porque la trama transcurre en un mundo desarrollado a partir de un punto en el pasado en el que algún acontecimiento sucedió de forma diferente a como lo ha hecho en realidad”. En otras palabras, el clásico y manido “que hubiera pasado si...”

Soy un apasionado ferviente del concepto de prueba y error. Me parece una forma espléndida de aprender, siempre y cuando el error sea reversible y tenga solución. Si bien en muchas facetas de nuestra vida esto es perfectamente aplicable, no es así en la propia vida. Decisiones tomadas en un momento concreto acaban condicionando gran parte de nuestro futuro. ¿Hubiéramos actuado de una determinada manera de haber sabido con precisión todas las consecuencias? Quien sabe.

La vida es un camino de una única dirección. No hay marcha atrás. No hay ningún control+Z. No se puede deshacer lo ya hecho. Pero aunque no podamos deshacerlos, de los errores aprendemos. “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos”, decía Schopenhauer. Y aunque a veces perdamos, siempre queda otra mano. Como dice Cris, Barajar y dar de nuevo.

"Los caminos de la vida, no son los que yo esperaba, no son los que yo creia, no son los que imaginaba". En la voz de Vicentico.

lunes, 16 de abril de 2007

Poblando el paisaje


"Que es la ciudad sino su gente", fue Shakespeare quien lo escribió, aunque tal vez sea una cita falsa, pero lo cierto es que un concepto que periódicamente lo venimos escuchando de boca de diferentes políticos cada vez que, como ahora, se acercan las elecciones municipales.

Existen lugares maravillosos, monumentos increíbles, paisajes hermosos, pero lo cierto es que, a falta de personas, se convierten en postales, imágenes bellas pero sin alma. Son las personas las que dan sentido a nuestros recuerdos y su presencia, o su ausencia, determinan la intensidad de nuestras emociones cada vez que las asociamos a un lugar concreto.

A lo largo de mi vida me he acostumbrado a cambiar frecuentemente de lugar de trabajo, que no de empresa. Pocas empresas pero muchas ubicaciones diferentes, muchas personas nuevas. Me he acostumbrado a llevar muy poco equipaje, pocos papeles, pocos objetos. Justo lo que quepa en un sencillo maletín. Pero ese maletín está lleno de recuerdos, de vivencias, de emociones, en definitiva, de personas.

Hace poco experimenté una sensación nueva, volver. Regresé a un lugar que había abandonado hace muchos años. Y, la verdad, me ha despertado emociones que desconocía. En ese lugar conocí a personas que hoy son parte imprescindible de mi vida. Personas con las que compartí muchas cosas importantes, personas con las que sigo compartiendo, no ya el día a día, pero si la vida.

Mi primera tentación fue poblar ese paisaje conocido con las personas que en él habían habitado. Asignar roles conocidos a personas desconocidas, y hacerlo en función de ciertos parecidos. Funcionó al principio, pero poco a poco la testaruda realidad se impone y las nuevas personas acaban rompiendo mi pobre y rígido esquema mental para aparecer en la plenitud de su personalidad. Nuevos descubrimientos que yo, en un principio, me había negado.

Y justo cuando recién empezábamos, alguien se va. Un pena. Y aunque no renunciemos a conocernos más, ya no podremos compartir. Bueno, tal vez sea una enseñanza para aprovechar el poco tiempo y no negarme aprioristicamente a nuevos conocimientos, a nuevas personas.

Molta sort i un petó molt fort, Yolanda.

domingo, 1 de abril de 2007

No me quites tu risa


Cuando lo conocí, me llamó la atención su sempiterno semblante entristecido. Su rostro serio, hierático. Su cara era una fiel imitación de un rostro del Greco. Se adivinaba que tenía cariacontecida el alma. Un día me animé y le pregunté que le sucedía. Me respondió que, hacía tiempo, una mujer le había robado la sonrisa y que, desde entonces, andaba a la búsqueda de otra mujer que fuera capaz de ayudarle a encontrarla. Le perdí la pista e ignoro si consiguió recuperarla. Pero lo que seguro sé es que no era feliz.

Es cierto que no siempre la sonrisa es sinónimo de felicidad, pero que también es difícil que lo sea alguien que nunca sonríe. No siempre podemos culpar a un hombre o una mujer de habérsela llevado, muchas veces se va y no sabemos él por qué. Simplemente nos deja.

...Su sonrisa lo iluminaba todo. Deslumbraba. Era imposible no caer cautivo de ella. Aún en los peores momentos era capaz de llenar de luz los espacios más sombríos. La vida le fue golpeando con crudeza. A fuerza de golpes, la sonrisa se fue haciendo cada vez más y más timorata. Se resistía a aparecer y cuando en contadas ocasiones se presentaba lo hacía con temor, casi pidiendo permiso. Los golpes de la vida acabaron por llevarse su inocencia que arrastró en su huida a la sonrisa. Se fueron de la mano. Desde entonces, faltos de su luz, para nosotros, todo es mucho más oscuro...

...Te llamaba la atención lo brutalmente malcarada que era. Con tiempo y paciencia descubrías que tras esa mascara había una persona sensible, dulce e inteligente. Pero hacía falta mucho más que tiempo y paciencia para conseguir arrancarle una sonrisa... En nuestro interior cohabitan los diferentes rasgos que definen nuestra personalidad. Intentan permanecer en delicado equilibrio pero, a veces, uno de ellos se erige en el típico abusón que, a fuerza de maltrato, domina a los demás y consigue un protagonismo absurdo, excesivo y dañino. La timidez es uno de ellos. ¡Cuantas sonrisas se han perdido acobardadas por la prepotencia de la orgullosa timidez!

La sonrisa es voluble e impredecible. A veces disimula y de disfraza. La vemos en multitud de fotografías vestida de rictus mecánico o en las pantallas de televisión con su gala más profesional. Pero no es autentica, no nos engaña. Está también la sonrisa del político, la del cínico, la del maltratador y la de la hiena, el único animal que sonríe. Esas también pertenecen a la categoría de sonrisas mentirosas.

La auténtica, la de verdad, a veces se cansa de nosotros y nos deja. Y cuando a alguien que queremos vemos que le ha abandonado si sonrisa, entonces, sólo entonces podemos entender en su plenitud el poema de Neruda.

...niégame el pan, el aire, / la luz, la primavera, / pero tu risa nunca / porque me moriría.


EL VÍDEO DE LA SEMANA. No tiene nada de especial, o sí. Pero en todo caso seguro que a más de uno le hará esbozar una sonrisa. Anuncio de Carlton Draught. Flashbeer, de Paul Middleditch para George Patterson Y&R de Melbourne.

domingo, 11 de febrero de 2007

Momentos estelares en la vida de un padre

La paternidad es un gran invento. De eso no hay ninguna duda. Pero, como es sabido, los hijos no vienen con manual de instrucciones. Y por muchos libros de autoayuda que se publiquen, no hay ninguno que te prepare para las situaciones que la vida te depara. He aquí una pequeña recopilación de esas que no vienen en ningún manual.

Un día ves que la niña esta creciendo y piensas que ya va siendo hora de mantener una conversación seria con ella. Te preparas mentalmente y con toda delicadeza le sueltas: “Cariño, creo que deberíamos hablar de sexo” y ella con la mejor de sus sonrisas te espeta: “claro papá, ningún problema, si tienes alguna duda o no entiendes algo yo te lo explico y si hace falta te lo repito para que lo comprendas bien”. Media vuelta y te largas. Decididamente no era una buena idea.

Estás en casa y mientras tu hija revuelve en el bolso se le cae accidentalmente un condón. Con total aplomo y tranquilidad lo recoge y te sonríe. Media vuelta, doscientas canas y diez años más encima.

Estás en una disco a las tres de la mañana divirtiéndote en agradable compañía y tu mirada se cruza con una cara conocida, tu hija. Tienes dos opciones, hacer ver que no la has visto o acercarte y presentar a la compañía. La mirada asesina de tu hija te indica claramente que mejor te busques otro ambiente.

Estás en casa cenando y en el segundo plato tu hija te suelta: “ayer me fumé un porro y no es para tanto”. Se te pone la misma cara que a Bush cuando se atragantó con la galleta pero antes que puedas decir nada te planta: “no me vas a decir que tu nunca te has fumado uno”. Le contestas: “están buenos los espaguetis”.

Ves aproximarte una chica por la calle y mentalmente piensas: “jo, que buena que está” (para que vamos a andarnos con eufemismos políticamente correctos). Cuando está a tu alcance descubres que es una compañera de clase de tu hija. Ese día decides que te hace falta una nueva revisión de la vista.

Vas en el metro con tu hija después de una noche agitada y le comentas que tienes dolor de cabeza. Ella elevando ligeramente la voz y con toda la mala leche del mundo te suelta: “claro si no hubieras bebido tanto y no hubieras venido a las 6 de la mañana a casa, ahora no tendrías resaca”. Dudas entre salir corriendo o pedir el carro de paradas para las dos ancianitas que sentadas delante de ti se han quedado sin respiración y te miran con aviesas intenciones.

Te vas de vacaciones y como la niña trabaja la dejas sola en casa. Le das una única instrucción: “haz lo quieras, no me importa pero por favor no metas a nadie en mi cama”. Regresas y descubres que no solo se ha traído al novio, que para mayor escarnio es madrileño y del Real Madrid, lo ha instalado quince días en casa y, por supuesto los dos se han trasladado a tu habitación que para eso tiene la cama grande. ¿La asesinas? ¿La echas de casa? No, te encierras en tu-comunitaria habitación y empiezas a golpear la pared con la cabeza.

Rigurosamente cierto. Como decía Rubén Blades, y a menudo repite una querida amiga, “si naciste pa martillo del cielo te caen los clavos”.

domingo, 28 de enero de 2007

Mujeres y medicina: “¡No quiero doctores con faldas!”

Si Cervantes hubiera sido mujer, el Quijote no se hubiera publicado. Se hubiera escrito, sí, pero no se habría publicado. ¿Alguien puede asegurar que no hubo ninguna mujer que supo que la Tierra giraba alrededor del sol cien o doscientos años antes que Galileo? ¿O que la música que atribuimos a los grandes maestros no fue en realidad escrita por alguna de sus sufridas esposas? La historia de la Humanidad la hemos escrito los hombres pero eso no es sinónimo de haberla hecho.

En 1878, la revista El Siglo Médico publicaba, “hace algún tiempo viene discutiéndose si la mujer servirá o no para ejercer la Medicina. Poco podré decir sobre este asunto, pero desearía que las jóvenes muchachas o jamonas, que se dedican a tan noble y difícil profesión se hicieran cargo de si su pudor les consentiría continuar los estudios y luego llevar a cabo su cometido. Mucho trabajo costaría a las alumnas de medicina familiarizarse con los cadáveres en las salas de disección, y luego ir a sus casas a cumplir sus labores con los rebordes de las uñas teñidos de sangre y algunos miasmas en las narices. Así pues les aconsejo que no dejen la aguja de la mano y sus múltiples labores, que no les faltarán camisas que planchar y remendar o hijos a los que prodigar sus cariñosos cuidados, y la que no se conforme con esto puede coger el estropajo e irse a fregar, porque la mujer nunca servirá para ejercer la medicina, y mucho menos la cirugía.”

Cuatro años antes, en 1874, acompañada por dos agentes de la policía, entraba en la Facultad de Medicina de Barcelona, Dolors Aleu i Riera. Fue la primera médica de España y ejerció durante 25 años en su consulta privada en Barcelona. Su caso fue una excepción pues no fue hasta 1910 que se reguló el acceso libre para las mujeres a la Universidad española.

Fue la primera mujer en ejercer la medicina en España, pero no fue la primera en cursar sus estudios, dos años antes, María Elena Maseras Ribera fue la primera en matricularse en la carrera de Medicina, en la Universidad de Barcelona. Nunca pudo ejercer, renunció a examinarse de la única asignatura que tenía pendiente para finalizar los estudios de doctorado, por la presión a que se vio sometida por parte del profesor, Doctor Tomás Santero quien hizo celebre la frase, “¡No quiero doctores con faldas!”

El redactor del artículo de El Siglo Médico no era un excéntrico energúmeno, su punto de vista era compartido por la inmensa mayoría de varones y mujeres de la época. Decía “la mujer nunca servirá para ejercer la medicina, y mucho menos la cirugía” pero lo cierto es que en la Barcelona medieval, como en muchas otras ciudades europeas, la práctica de la medicina estaba en manos de mujeres. Mujeres de la ciudad o de otros lugares del reino que acudían a la corte para tratar a los notables. Médicas judías como Francesca Bonanada, de Berga, Ceti de Valencia; Floreta Çanonga de Santa Coloma de Queralt, Bellaire, Perla y Dolcich, de Lérida.

El redactor de El Siglo Médico, revista editada en Barcelona y publicación de referencia para toda la clase médica de la época, no sabía o no quería saber, que en el siglo XI, la médica de Salerno, Trótula publicó De passionibus mulierem (sobre las enfermedades de las mujeres), el primer tratado de ginecología. Un estudio tan exhaustivo que fue utilizado durante centenares de años y traducido a diferentes lenguas. Que la abadesa Hildegarda de Bingen publicó también en el siglo XI Liber simplicis medicinae y el Liber compositae medicinae. No es casualidad ni puede extrañarnos que en el siglo XVI, cuando se imprimió por primera vez el tratado de Trótula fuera adjudicado a un varón.

Son solamente pinceladas, la aportación de las mujeres a la ciencia médica en la antigüedad y en la edad media está hoy suficientemente conocida y documentada, desgraciadamente y con la colaboración inestimable de la Iglesia (tanto católica como protestante), fueron paulatinamente apartadas del ejercicio de la medicina.

Actualmente, la presencia de la mujer en los estudios universitarios del área de Ciencias de la Salud alcanza en España el 72,1% del total del alumnado. Hace pocos días, el sábado 20 de enero, tuvo lugar en toda España el examen MIR para acceder a las plazas de médico interno residente en la sanidad pública española, de los 19.831 titulados que se presentaron, el 74,6% fueron mujeres frente al 25,4% de hombres.

Mujeres como Dolors Aleu y María Elena Maseras lo ha hecho posible.

PS. El doctor Santero ("¡No quiero doctores con faldas!") tiene una calle dedicada en Madrid, en el distrito de Tetuan.

PS2. Volvió Cris y su Diario de una Cincuentona. Hoy el día ha amanecido más bonito.