lunes, 28 de noviembre de 2005

Arqueología publicitaria

No me motiva especialmente la publicidad de Nike, pero este spot es muy peculiar. Se titula “The Morning After”, y es un trabajo de la agencia Wieden & Kennedy, dirigido por Spike Jonze. Se trata de una parodia de la paranoia que se instaló en los USA por miedo al efecto 2000.¿Qué tiene de peculiar? Que después del 11-S pasaran muchos, muchos años antes de que en la televisión norteamericana se vuelva a ver un spot así.


domingo, 27 de noviembre de 2005

Marchando una de tópicos



Soy catalán. Un hecho absolutamente circunstancial, el nacer en un lugar u otro del mundo, se supone que ha de prefigurar mi manera de ser, mis gustos y aficiones, mi manera de pensar e incluso mi manera de sentir. Presupone también que ha de definir la manera en que me ven el resto de las personas. O no.

Si me tuviera que definir en función de tópicos y prejuicios. Diría, soy catalán. Mis compatriotas me ven serio y trabajador. No me gustan los toros. Me gusta el fútbol, soy del Barça y creo que el rugby es un deporte de pijos. Pienso que las procesiones de semana santa son una extravagancia de los andaluces. Todos los policias hablan castellano con acento andaluz o extremeño. La estaca es una canción antifranquista. Mi tierra es una tierra de inmigración. La culpa de todo la tiene Madrid.

En cambio, si le pidiera a mi vecino que hiciera la misma prueba me diría: Soy catalán. Mis compatriotas me ven como la alegría de la huerta, amante de la juerga y el vino, un indolente meridional, jugador de petanca y bebedor de pastis. Me vuelve loco la corrida. Me gusta el rugby, soy de la USAP y creo que el futbol es un deporte de señoritos. Me gustan las procesiones de Semana santa y no me pierdo ni un solo año la Procesión de la Sanch. Los gendarmes son catalanes y hablan catalán. La estaca es el himno de la USAP. Mi tierra es una tierra de emigrantes. La culpa de todo la tiene París.

Mi vecino, como todos en esta zona del hexágono llamada genéricamente Rosellón, es catalán de nacionalidad francesa. No consentiría que nadie pusiera en duda su catalanidad, es catalán, ambos lo somos, pero el tópico que nos define a uno y otro poco tiene que ver. Hemos de creer que nuestra manera de ser y de pensar viene definida por nuestro pasaporte o algún día acabaremos convenciéndonos que somos los somos y no donde nacemos.

Hace 300 años, cuando las tierras, los hombres y mujeres no eran más que meras posesiones del monarca de turno, hubo uno, Felipe IV, que lo era de las Españas y que prefirió conservar determinadas posesiones en Flandes e Italia a cambio de una parte importante de Cataluña y cedió esta a su homónimo francés. Desde entonces hay catalanes de nacionalidad española y catalanes de nacionalidad francesa.

Dice Drexler que su patria está en la frontera, yo la mía no sé muy bien donde está (si alguien la encuentra que me lo diga) en todo caso lo que si que está en la frontera es mi casa, el lugar que hace muchos años escogí para convertirme en abono y a donde, siempre que puedo procuro escaparme y pasar largas temporadas. En un diminuto pueblecito de montaña de la Cataluña francesa, donde me junto con mis vecinos a ver crecer la hierba y reírme de los tópicos y del mundo. Y cada vez estoy más convencido que para nada fue casual que Dalí situará el centro del mundo en la estación de Perpinyà.

domingo, 20 de noviembre de 2005

Empacho de información

Durante muchos siglos, la mejor manera de manipular a las personas era negándoles la información. La gente sabía muy poco de lo que acontecía más allá de su pueblo, de cómo eran las otras gentes, de que forma pensaban y que problemas tenían. Los púlpitos eran prácticamente el único vehículo –siempre interesado- de hacer llegar las noticias. Y cuando aparecía algún forastero, la pregunta recurrente siempre era “Qué noticias trae de…”

Hoy eso es impensable. La información no corre, vuela. Tenemos la fortuna de vivir en tiempo real acontecimientos que suceden a miles de kilómetros de nosotros. Tenemos acceso a diferentes canales de información y, teóricamente, gracias a ello, podemos construirnos una opinión propia. Pero que difícil resulta ante la avalancha de información que recibimos. De la escasez pasamos a la sobreabundancia y nos hemos generado un nuevo problema: el exceso de información.

Mi jornada empieza muy pronto y lo hace con la lectura apresurada de los cuatro diarios más importantes de mi ciudad. Después empieza el aluvión. Sobre las 8 de la mañana llega a mi correo el primer resumen de prensa, unos 200 folios que recogen lo más importante que ha publicado la prensa mundial. Diez minutos más tarde recibo el resumen de titulares, unos 160 accesos directos a la información publicada en su origen. A las nueve de la mañana llega el resumen de la prensa digital, unas 30 entradas de los confidenciales y publicaciones que nada más son visibles en la red. Sobre las 11 me llega la segunda edición del resumen que recoge lo publicado en la prensa de las capitales de provincia españolas, unos 200 folios más. Diez minutos más tarde, la segunda edición de titulares y una vez a la semana el resumen semanal de los artículos de opinión publicados en la prensa mundial, hablamos de unos 300 folios. Si me siento hambriento de información puedo acceder permanentemente, a través de mi ordenador, a un servicio que, a lo largo del día, va almacenando las grabaciones de todo aquello que se dice en las emisoras de radio y estaciones de televisión de España, sobre una serie de temas prefijados. Si lo quisiera ver y oír todo, necesitaría tres días para poder hacer el equivalente a uno. Es absurdo. Alguien puede pretender no ya que asimile ese volumen de información, sino que tan siquiera tenga ánimo y voluntad de acceder a él. Pero lo recibo porque se supone que es indispensable para mi trabajo. Ja! y aunque a efectos laborales esto no importe demasiado, tengo una vida propia.

Reconozco que mi caso no es paradigmático, pero en el mundo habrá miles de personas en una situación parecida a la mía y todos, en mayor o menor medida, sufrimos el exceso de información. Nos hemos generado un problema nuevo.

Según una encuesta reciente, un 71 por ciento de las mujeres y el 65 por ciento de los hombres alemanes se sienten sometidos a una presión de información que les genera estrés. Un artículo de Cecilia Suárez habla de que "estudiosos de la comunicación, médicos, psicólogos y psiquiatras, ya han delineado algunas de las consecuencias de la proliferación de informaciones sobre nuestra capacidad de comprensión. Ellos nos hablan de la “angustia informativa” que se padece cuando no se es capaz de discernir lo útil de lo banal. De la “fatiga por exceso de información”, el elevado nivel de estrés de los que no pueden asimilar tanta información como la que reciben, que se caracteriza por un estado psicológico de hiperexcitación, ansiedad, e inseguridad que provoca una parálisis de la capacidad analítica y puede conducir a tomar decisiones imprudentes o arribar a conclusiones equivocadas."

Lo grave es que, como apunta dicho artículo, las personas que padecen exceso de información no solamente pierden la capacidad de análisis sino también la de indignarse con las situaciones de injusticia.

A problemas nuevos, soluciones imaginativas, oportunidades de negocio. Proliferan las conferencias y seminarios sobre la gestión de la información y hemos creado un nuevo especialista, el gestor de la información que se dedica a extraer para nosotros lo relevante obviando lo banal. Busca agujas en inmensos pajares.

Hemos creado una nueva especialidad la Infonomía que se autocalifica como la gestión inteligente de la información. Y hemos creado también nuestros propios críticos, nuestros "antisistema", la Ecología digital, "mientras que el planeta entero parece haber sucumbido ante los encantos de la Era de la Información, el abuso y el exceso de información parecen llamar a gritos a un sentido común todavía inexistente, a un desarrollo informacional sostenible, a una ecología digital que preserve al planeta y a sus habitantes del ruido y del estrés de la comunicación permanente."

En medio de este panorama, que difícil resulta construirse una opinión propia. Definir un pensamiento. Pensar por uno mismo. Me quedo con unas recomendaciones de Cecilia Suárez que creo todos deberíamos tener siempre presentes:

“La información, si bien es indispensable, es sólo un pretexto para pensar.

Sirve para profundizar en ella, no para acumularla meramente.

No debemos olvidar que la lectura es un ejercicio del pensamiento: es pensar con una guía.

El objetivo último de la lectura no es estar informado (acumular información) sino pensar.

Leer para pensar y, creativamente, generar nuestra propia información.”

lunes, 14 de noviembre de 2005

¿Existe vida más allá de nuestro problema personal?

La vida no es plácida. Todos tenemos momentos malos y momentos peores. Los hay, incluso, que los tienen buenos, pero esos, como son pocos, no cuentan. A veces un problema, sea grande o pequeño, se apodera de nosotros y consigue que no podamos ver más allá de él. Consigue convertirse en el centro de nuestra vida, Un cristal que deforma la realidad y la dibuja en función de sus intereses y no de los nuestros.

Habitualmente el centrismo tiene buena prensa. Pero verlo todo a través de una óptica determinada no es necesariamente es bueno. El centrismo es padre de muchos errores.

Está el error de ver la historia a través de nuestros ojos de europeos. Es el Eurocentrismo, la expresión mas característica de esta manera de ver las cosas la encontramos en los mapas. Europa con 9,7 millones de km2 resulta mayor que Sudamérica que tiene casi el doble de superficie: 17,8 km2 o la península Escandinava, con 1,1 millones de km2 aparece mayor que la India, que es 3 veces más extensa, con sus 3,3 millones de km2. En palabras de Eduardo Galeano, "Hasta el mapa miente. Aprendemos la geografía del mundo en un mapa que no muestra el mundo tal cual es, sino tal como sus dueños mandan que sea. En el planisferio tradicional, el que se usa en las escuelas y en todas partes, el Ecuador no está en el centro, el norte ocupa dos tercios y el sur, uno. América Latina abarca en el mapamundi menos espacio que Europa y mucho menos que la suma de Estados Unidos y Canadá, cuando en realidad América Latina es dos veces más grande que Europa y bastante mayor que Estados Unidos y Canadá. El mapa, que nos achica, simboliza todo lo demás. Geografía robada, economía saqueada, historia falsificada, usurpación cotidiana de la realidad del llamado Tercer Mundo, habitado por gentes de tercera, abarca menos, come menos, recuerda menos, vive menos, dice menos."

Está también el etnocentrismo, la tendencia emocional que hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades y que deriva en la creencia en la superioridad de la propia etnia. Y están también sus múltiples secuelas: el etnocentrismo educacional, el Etno. Medicinal, el Etno. Lingüístico...

Y, finalmente, también del egocentrismo, que según definición médica universalmente aceptada se trata de percibir la realidad desde el propio punto de vista, con la imposibilidad de colocarse en el lugar de la otra persona y no existiendo clara diferencia entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el yo y el otro.

Todos, en mayor o menor medida, somos egocéntricos y tendemos a pensar que nuestro problema es la cosa más importante que está sucediendo en el mundo en ese momento. Y que, además, todo lo que sucede está en función de él. Pero después, algún día, nos damos cuenta que no es así. Por eso es conveniente desenfocar de tanto en tanto, ver un poco más al margen de nuestros cristales y buscar más allá de nosotros mismos, de nuestros prejuicios, de nuestros tópicos e, incluso, de nuestras desgracias. Porque, como decía Terry Pratchett, "La verdad quizá esté ahí fuera, pero las mentiras están en tu cabeza".

viernes, 4 de noviembre de 2005

Dejemos libres a los sentimientos

Me dijo "no has notado como se le ha apagado el brillo de los ojos" y asentí, pero no era sincero. Recordaba como minutos antes me había vuelto a perder en el amparo de esa mirada, como me había reconfortado en ese familiar reflejo ámbar, sentía como ese destello me hacia perder el mundo de vista. Sabía que, nuevamente, el cariño me cegaba.

No hay nada más libre que nuestros propios sentimientos. Y precisamente por eso tan mala prensa tienen. Nos pueden obligar a pensar de una determinada manera, nos pueden engañar y hacernos creer en cualquier mito irrazonable, pero nadie, a excepción de ellos, puede decidir a quien debemos amar o a quien odiar.

Están por encima nuestro y deciden por nosotros, y ellos, que son tan libres en muchas ocasiones nos acaban convirtiendo en sus esclavos. ¿Puede permitir la sociedad la existencia de un reducto, no ya libre, sino absolutamente libertario y que además nos dirija? Por supuesto que no.

Primero intentaron separarnos de ellos. Disociarlos de nuestra toma de decisiones. Nos repitieron "no puedes dejarte llevar por el corazón, usa la cabeza". Nos lo dijeron una y otra vez, y aún hoy insisten, pero no funciona. Las personas seguimos creyendo en los sentimientos. La sabiduría popular continua calificando a una buena personas como alguien con sentimientos".

Lo segundo que intentaron fue utilizarlos a favor de conceptos tan ajenos a ellos como el éxito o la productividad. Lo llamaron inteligencia emocional. Quisieron hacernos creer que las emociones piensan y las razones sienten, pero tampoco invirtieron mucho esfuerzo en engañarnos. El gran gurú de la inteligencia emocional el Dr. Daniel Goleman es claro y meridiano: "Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más probabilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces en su vida, y de dominar los hábitos mentales que favorezcan su propia productividad; las personas que no pueden poner cierto orden en su vida emocional libran batallas interiores que sabotean su capacidad de concentrarse en el trabajo y pensar con claridad". Los sentimientos puestos al servicio de la eficacia y la concentración en el trabajo, ¿no existe algo más alejado a lo que es su propia esencia, la libertad?

Han querido eliminarlos y disfrazarlos, ¿que quedaba por hacer?, es bien sabido que si no puedes derrotar a tu enemigo te has de unir a él, así pues se dispusieron a directamente utilizarlos, nacieron las Lovemarks. El término lo acuñó Kevin Roberts, Consejero Delegado Ejecutivo Mundial de Saatchi & Saatchi, la macro-agencia de publicidad que durante años llevó las campañas de Margaret Thatcher. ¿Qué es una lovemark? Es una marca que además de contar con el respeto del consumidor, establece vínculos emocionales, profundos y duraderos basados en los sentimientos. Las marcas no nos ofrecen un producto, sino un estilo de vida y una visión del mundo, juegan con nuestros sentimientos para hacernos consumir. Es la consagración de la célebre frase de Henry Ford, "no vendemos coches, vendemos sensaciones".

¿Caeremos en su trampa? Si, de momento, porque como muy bien afirmaba David Lubars, alto ejecutivo del Grupo Omnicon y recogía Naomi Klein en su libro No Logo, "Los consumidores son como las cucarachas. Los rocías una y otra vez hasta que con el tiempo se vuelven inmunes”. Nos volveremos inmunes y tendrán que inventar otra cosa.

Yo, hoy por hoy, prefiero seguir dejándome cegar por los sentimientos. Ese maravilloso universo que retrataba Antonio Gala, en un artículo publicado hace ya casi treinta años, "Cuantas palabras y frases y teorías vertidas contra los sentimientos. Cuanto desdén ante ellos, siendo así que lo que acerca y lo que separa a unos hombres de otros no es la riqueza o la escasez, no la inteligencia o la torpeza, no las razas ni las fes, ni las ideologías, sino la presencia o la ausencia de empatía, de la posibilidad de captar los mensajes verbales o no de los sentimientos, de la aptitud para sentir dentro (tal es el significado de la palabra en griego), para percibir las experiencias subjetivas de los demás, o sea, sus emociones: amorosas estéticas, del gozo o de la pena, ante el desorden o ante la maravilla abrumadora del mundo."