La vida no es plácida. Todos tenemos momentos malos y momentos peores. Los hay, incluso, que los tienen buenos, pero esos, como son pocos, no cuentan. A veces un problema, sea grande o pequeño, se apodera de nosotros y consigue que no podamos ver más allá de él. Consigue convertirse en el centro de nuestra vida, Un cristal que deforma la realidad y la dibuja en función de sus intereses y no de los nuestros.
Habitualmente el centrismo tiene buena prensa. Pero verlo todo a través de una óptica determinada no es necesariamente es bueno. El centrismo es padre de muchos errores.
Está el error de ver la historia a través de nuestros ojos de europeos. Es el Eurocentrismo, la expresión mas característica de esta manera de ver las cosas la encontramos en los mapas. Europa con 9,7 millones de km2 resulta mayor que Sudamérica que tiene casi el doble de superficie: 17,8 km2 o la península Escandinava, con 1,1 millones de km2 aparece mayor que la India, que es 3 veces más extensa, con sus 3,3 millones de km2. En palabras de Eduardo Galeano, "Hasta el mapa miente. Aprendemos la geografía del mundo en un mapa que no muestra el mundo tal cual es, sino tal como sus dueños mandan que sea. En el planisferio tradicional, el que se usa en las escuelas y en todas partes, el Ecuador no está en el centro, el norte ocupa dos tercios y el sur, uno. América Latina abarca en el mapamundi menos espacio que Europa y mucho menos que la suma de Estados Unidos y Canadá, cuando en realidad América Latina es dos veces más grande que Europa y bastante mayor que Estados Unidos y Canadá. El mapa, que nos achica, simboliza todo lo demás. Geografía robada, economía saqueada, historia falsificada, usurpación cotidiana de la realidad del llamado Tercer Mundo, habitado por gentes de tercera, abarca menos, come menos, recuerda menos, vive menos, dice menos."
Está también el etnocentrismo, la tendencia emocional que hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar los comportamientos de otros grupos, razas o sociedades y que deriva en la creencia en la superioridad de la propia etnia. Y están también sus múltiples secuelas: el etnocentrismo educacional, el Etno. Medicinal, el Etno. Lingüístico...
Y, finalmente, también del egocentrismo, que según definición médica universalmente aceptada se trata de percibir la realidad desde el propio punto de vista, con la imposibilidad de colocarse en el lugar de la otra persona y no existiendo clara diferencia entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el yo y el otro.
Todos, en mayor o menor medida, somos egocéntricos y tendemos a pensar que nuestro problema es la cosa más importante que está sucediendo en el mundo en ese momento. Y que, además, todo lo que sucede está en función de él. Pero después, algún día, nos damos cuenta que no es así. Por eso es conveniente desenfocar de tanto en tanto, ver un poco más al margen de nuestros cristales y buscar más allá de nosotros mismos, de nuestros prejuicios, de nuestros tópicos e, incluso, de nuestras desgracias. Porque, como decía Terry Pratchett, "La verdad quizá esté ahí fuera, pero las mentiras están en tu cabeza".