domingo, 5 de noviembre de 2006

La mala gente


No conozco a nadie que piense de si mismo que es una mala persona. Ni tan solo los asesinos más despiadados, ni los genocidas, ni los torturadores. Todos se consideran buenos padres de familia, temerosos de Dios y prototipo del ciudadano ejemplar. Algunos los hay que incluso se consideran víctimas. De todo hay.

Están los archiconocidos, los que todos tenemos en mente, aquellos que gozaron de un poder absoluto, de una maldad absoluta y que la historia ha colocado en su lugar. Y están también los anónimos, ese tipo que te cruzas por la calle y que esconde su maldad tras una apariencia inofensiva. El maltratador, el pederasta…

Pero hay también otro tipo de mala gente, los inconscientes. Aquellos que con sus actitudes, con sus gestos o actuaciones, siempre hacen daño a alguien. Por acción o por omisión, pero siempre alguien resulta dañado.

Están en todas partes, en la escuela, en la familia, en el trabajo. De estos últimos, Lula ha conseguido crear una impagable galería. Acostumbran a ser personajes movidos por la ambición y por un egoísmo desmesurado. También tienen en común una alta valoración de si mismos. Y viven engañados. Te están planchando en su pisada y viven convencidos que lo hacen por tu bien. Su engaño es su manera de sobrevivir. La única manera de enfrentarse cada mañana al espejo y no bajar la cara.

Mobbing en el trabajo, bulling en la escuela, violencia de genero en la familia, feminicidio… Cada sociedad genera sus monstruos y los peores son los que viven ocultos. “Mala gente que camina y va apestando la tierra...” decía Machado.

También están los otros, la buena gente que decía Brecht, los que “mejoran al que los mira y a quien miran”, los que “viven y transforman el mundo”, los que “cuando se acude a ellos, siempre se les encuentra”, los que “aunque tal como somos no les gustamos, están de acuerdo, sin embargo, con nosotros.”

En la canción de la buena gente, Brecht decía que “a la buena gente se la conoce en que resulta mejor cuando se la conoce”. Que el bosque maldito nunca nos prive de conocer el árbol bueno.

Etiquetas Technorati:

lunes, 23 de octubre de 2006

Y cuando seas mayor, ¿qué quieres ser?

La publicidad compite por ser el cuarto negocio que más dinero mueve en el mundo. El tráfico de armas, el de estupefacientes y el tráfico de mujeres y la prostitución ocupan los tres primeros lugares. La publicidad y el tráfico de especies protegidas se disputan el cuarto lugar en esta clasificación. Como dice el viejo refrán castellano: "dime con quien andas y te diré quien eres".

Y en este negocio, la información es la base de todo poder. Las grandes marcas invierten cantidades astronómicas no ya en saber quienes somos, lo que pensamos, cuales son nuestro hábitos de ocio y de consumo o cuales son nuestros valores, sino en intentar averiguar estas respuestas a diez, quince o veinte años vista.

Tras una inocente pregunta se esconde un ingente mecanismo que determinará las decisiones empresariales en el futuro. Así, cuando una gran empresa como McDonalds realiza el concurso "Píntanos cómo serás de mayor" en realidad está desarrollando un ingenioso estudio de mercado. El análisis de los dibujos aportados por los niños lo realiza una prestigiosa institución, el Museo Pedagógico de Arte Infantil (MUPAI), dependiente de la Fundación Complutense, pero las conclusiones no dejan de ser muy obvias: "Debido a la creciente influencia de la televisión en la sociedad española, los niños y niñas de hoy sueñan con tener profesiones que sólo conocen por la ‘tele’ o trabajos relacionados con ella". En resumen, los niños de hoy sueñan con ser Fernando Alonso, ganar la Champions League o ser criminólogos, en clara referencia a series como CSI. Por su parte, las niñas se imaginan siendo una princesa o una elegante top model.

En total, los dibujos analizados representaban 160 actividades diferentes, donde primaban las ya expuestas. Pero no todo resulta tan gris u obvio, hay esperanza. No siempre la televisión puede ahogar la imaginación de los niños. Hay propuestas muy interesantes. Afortunadamente, algunos niños y niñas se veían de mayores como vagabundo, Papa, millonario, pastor de caracoles o buscador de petróleo. Menos mal.

Siempre desconfié de la típica pregunta ¿qué quieres ser cuando seas mayor? y su derivada para adolescente, ¿qué harás el día de mañana? En 1940, un militar profesional, curtido en tres años de inmisericorde guerra civil sirviendo a la República como oficial en las filas de Ejercito Popular se encontraba en el campo de concentración. Allí, junto con sus compañeros, estaba obligado a asistir a unas grotescas clases de reeducación patriótica. En una de ellas, un sacerdote les obligo a escribir una redacción bajo el enunciado "qué quieres ser el día de mañana". Hombres hechos y derechos, vencidos y muchos derrotados, personas cuyo único horizonte vital consistía en sobrevivir al hambre, los malos tratos y la siniestra lotería de las sacas nocturnas, enfrentados a una pregunta absurda. En la inmensa mayoría de los casos la redacción consistió en una única frase: "Un hombre libre".

Etiquetas Technorati:

lunes, 16 de octubre de 2006

Animales y campaña electoral

El yac* salvaje es un animal muy curioso. Habita en el Tibet, en las zonas más altas y gélidas y es imposible apartarle de su territorio. Es una animal excepcionalmente fuerte y desconfiado. En cautividad, fuera de su ambiente, enferma gravemente, pierde todo su vigor y muere. En la actualidad quedan pocos especimenes y está en peligro de extinción.

Me vino a la memoria la historia del yac pensando en lo que había sido el discurrir de la política catalana en estos últimos años. Pasqual Maragall es un buen ejemplo de buey gruñón –tal y como se conoce al yac salvaje-, una persona independiente, con criterio propio, genial e imprevisible. Fueron a buscarlo, lo apartaron de su territorio lo sometieron a la cautividad del Palau de la Generalitat y allá, preso de la tela de araña que tejieron a su alrededor los intereses de los aparatos de los partidos, perdió su vigor y… bueno, ya es historia.

Existe también otro tipo de yac, el doméstico. Un excepcional animal de carga que sirve para casi todo. La leche y la carne sirven de alimento, su larga pelambrera sirve para tejer y abrigarse y trabaja la tierra. Es un animal que nunca se queja. Siempre obedece. A diferencia del yac salvaje –menos de ochocientos ejemplares en la actualidad- abunda sobremanera, y hay más de un millón de los mismos. Pensando en algún que otro candidato a las próximas elecciones catalanas, no puedo evitar la analogía.

Otra curiosidad del mundo animal la proporciona el buitre americano. Todos los inviernos, unos mil buitres se reúnen en el parque nacional de Gettysburg, sin que nadie sepa muy bien el por qué. La explicación más plausible es la que apunta a la sangrienta batalla que allí tuvo lugar en 1863. Más de 50.000 hombres yacían muertos o heridos en la zona, y a la llamada de la carroña acudieron miles de buitres que han ido pasando la costumbre a sus descendientes.

Muchos se han apresurado a calificar a Pasqual Maragall de "cadáver político". El día uno de noviembre, 2400 personas aspirarán a ser diputados al Parlament de Catalunya. Que cada cual haga su propia analogía. Lo que es seguro es que el próximo president de la Generalitat de Catalunya ya no será un buey gruñón, será un cómodo buey doméstico.


*La historia del yac salvaje me la sugirió la lectura de “Un mes con Montalbano” de Andrea Camilleri.

Etiquetas Technorati:

jueves, 28 de septiembre de 2006

Las prisiones también están hechas de sueños

Andaba sopesando la posibilidad de cerrar definitivamente el blog dado el poco tiempo que tengo para atenderlo a él y a aquellas personas que me ofrecen su compañía, cuando decidí empezar a guardar todos los textos que a lo largo de este poco más de un año he ido sacando a la luz en esta página. Guardarlos y, por supuesto, releerlos.

Y al hacerlo me di cuenta de algo que, por tan obvio, me había pasado desapercibido. En numerosas ocasiones, muchas más de las que hubiera creído, había escrito para una única persona. Alguien para quien, en realidad, llevo escribiendo desde hace muchos años. Alguien que solo está presente aquí en función de esos escritos, no está en ningún comentario, en ninguna reacción. Solamente en los escritos.

Hace mucho tiempo me enseñaron que lo primero que uno debía plantearse, cuando se disponía a escribir, era para quien lo escribía. Y en función de ese supuesto público actuar en consecuencia, modulando el lenguaje, priorizando las ideas, definiendo el estilo y otras tretas parecidas.

Es una buena idea que, normalmente, te garantiza que aquello que quieres explicar será bien entendido. El problema es que muy a menudo tiendo a olvidarla. Quiero creer que escribo para compartir con muchas personas y, en realidad lo hago para una única persona. Alguien que está aquí y que se ha ido configurando en función de mis sueños.

En su último libro, Autobiografias ajenas: poeticas a posteriori, se interroga Tabucchi acerca de que material están hechos los sueños, "¿de lo vivido?, ¿de lo deseado?" y en el planteamiento de su pregunta da con la respuesta. La bitácora es en si un sueño. Refleja lo vivido, refleja lo deseado.

En un año me han sucedido muchas cosas. Cambio de trabajo, muerte de seres queridos, viajes… de todo ello dan cuenta estas páginas. También dan cuenta de los deseos, que afloran impacientes por encima de las palabras. Ciertamente nuestros hechos nos definen, pero mucho más nuestros deseos. Somos deudores de nuestros actos, pero rehenes de nuestros deseos. Ellos dan un perfil de nosotros mucho más auténtico, más cierto, porque se escapan a nuestro control y viven su propia vida.

Las palabras pueden hacer reír, soñar, llorar. Pueden emocionar o indignar. En estas páginas hay cientos de palabras, pero también hay silencios. Y, hay veces, que los silencios taladran el alma.

Diderot decía "la cantidad de palabras es limitada, los acentos infinitos". Con limitadas palabras, demasiadas veces he puesto el acento justo en lo que no debía. Me gustaría ser dueño de mi vida, pero vivo preso de mis anhelos.

miércoles, 6 de septiembre de 2006

Pisando años

A las personas las podemos dividir en multitud de categorías. Yo tengo mi propia clasificación. A mí me gusta dividir a las personas entre aquellas que tienen las preguntas y las que tienen todas las respuestas. Yo pertenezco al primer grupo y desconfío instintivamente de aquellas que lo son del segundo.

Las personas necesitamos explicaciones sencillas para todas aquellas cuestiones complejas que nos aquejan en nuestra complicada vida, y de ahí, en parte, el éxito de las religiones. Para vivir seguros necesitamos certezas, no importa que estas vengan de la razón o de la fe O, como en mi caso de la fe en la razón.

Pero por muchas certezas que tengamos, sigo prefiriendo las dudas. Me gustan las preguntas, me quedo con las preguntas. El mundo nunca avanza gracias a los que tienen todas las respuestas. Ellos ya lo saben todo. Para ellos todo está bien. El progreso siempre viene de la mano de aquellos que se han formulado preguntas.

Einstein se formuló alguna que otra pregunta. Y, gracias a él, hoy sabemos un poco más. Antes de él, se pensaba que el tiempo transcurría de la misma forma en cualquier rincón del Universo, fuera cual fuera el movimiento o la ubicación del observador. Hoy sabemos que no es así. Que, en función de determinadas variables el tiempo puede transcurrir más o menos rápidamente.

Einstein lo formuló, pero lo cierto es que algunos ya sabíamos previamente. Solamente hacía falta mirar a algunas mujeres para saber que el tiempo no transcurría igual para todas. Vicente Verdú nos lo recordó en un artículo de El País, hace ya cerca de diez años:

"Hay personas que dotadas de un poder inconfundible, antiguo y exclusivo, alcanzan en un punto de su vida la condición de gigantes humanos. Cuando estos seres se despiden de una reunión en la que estamos, medio mundo se despide con ellos y cuando reaparecen en otro momento, allí donde nos hallamos, el espacio reluce de golpe como en un cuadro. No importa, en muchos casos, que estos ejemplares sean famosos, ilustres o eruditos, su naturaleza es en sí una excepción que convierte en lujo la simple relación con ellos.”

“Algunas mujeres elegantes, perspicaces y especialmente hermosas representan bien a esta raza que ni se degrada ni pierde poder con la vejez. El tiempo que tanto nos derruye a los demás se deposita en ellas como un sedimento de alta calidad y no parece, de esta manera, que vayan a morir nunca. Más aún: habiendo estado a su lado el futuro se hace impensable sin su visión. Exactamente, imposible de concebir, inaccesible al pensamiento. Aparecen o se las encuentra -cuando se posee esta fortuna- formando parte de lo más definitivo del universo y es así tan difícil imaginar su fin como lo es eliminar un amanecer o la fragancia de un bosque.”


Y porque será que siempre me acuerdo de Einstein cuando se acerca tu cumpleaños.