Aprender a comunicar
¿Quieres ser feliz?, ¿quieres crear una empresa?, ¿quieres triunfar en los negocios?, ¿quieres aprender a seducir?, ¿quieres dejar de fumar?, ¿quieres adelgazar?, ¿quieres vencer al stress?, ¿quieres crear un blog?... No hay problema. En este mundo nuestro, donde el pensamiento ha sido sustituido por los manuales de autoayuda, existen soluciones para todo.
Yavé escribió el primer decálogo. Las diez reglas de oro para ser feliz, que así se podía haber titulado si Moisés hubiera tenido un asesor de marketing. Y, desde entonces, han sido miles los decálogos que intentan compendiar todo un saber en unas pocas líneas. Yo quiero proponer uno, El decálogo para una comunicación eficaz, que como todo buen decálogo, tiene once reglas.
1. Regla de la simplificación y del enemigo único. Se trata de adoptar una sola idea fuerza o un solo símbolo. Una de las formas más efectivas de simplificar es individualizar al adversario personificándolo. Todos nuestros males tienen un solo culpable. Aznar-Zapatero, Bush-Bin Laden, Madrid o los catalanes, el Mercado, la Globalización… ¿Qué sería de las empresas sin la figura del culpable universal?, ese trabajador al que siempre se le puede dar la culpa de todo.
2. Regla del método del contagio. Se trata de reunir diversos adversarios en una sola categoría o un sólo individuo. ¿Alguien se acuerda de la conspiración judeo-masónica? Ahora esta más de moda hablar de los rojo-separatistas.
3. Regla de la transposición. Se trata de cargar sobre el adversario los errores propios o los defectos, respondiendo al ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que los distraigan.
4. Regla de la exageración y la desfiguración. Se trata de aprovechar una pequeña anécdota para convertirla en una gravísima amenaza. Si un proyecto de ley se compromete a “proteger y respetar todas las religiones” promueve la poligamia dado que mormones y musulmanes la aceptan. Así, ¿Si una propuesta de ley se compromete a proteger los animales, promoverá la zoofilia?
5. Regla de la vulgarización. Toda propaganda ha de ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Así es necesario que el esfuerzo mental a realizar sea tan pequeño como más grande sea la masa que es necesario convencer. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa, por otra parte tienen gran facilidad para olvidar.
6. Regla de la orquestación. La propaganda ha de limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente acaba por convertirse en verdad.”
7. Regla de la renovación. Es necesario emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda, el público esté interesado en otra cosa. Se trata de que las respuestas del adversario nunca puedan contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Regla de la verosimilitud. Hace falta construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de globos sonda o informaciones fragmentarias. Quieres vender una idea, encarga varios informes “independientes” que la justifiquen para que la puedas citar como fuente de autoridad.
9. Regla del silenciamiento. Se trata de callar sobre las cuestiones de las que no se tienen argumentos y se trata de disimular las noticias que favorecen al adversario.
10. Regla de la transfusión. Como dice el experto Jean-Marie Domenach: “Por regla general la propaganda siempre opera a partir de un substrato pre-existente, sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales” Se trata de difundir argumentos que puedan enraizar en actitudes primitivas ya instaladas. La mujer no es capaz de… Los inmigrantes son delincuentes… Madrid nos roba… Los catalanes son insolidarios …
11. Regla de la unanimidad. Se trata de llegar a convencer a mucha gente que acabe pensando “como lo hace todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. Esta regla ha sido estudiada en la teoría de “la espiral del silencio” de Elisabeth Noelle-Neumann, según la cual, las personas adoptan casi instintivamente sus opiniones a lo que consideran “socialmente aceptable”. Todo el mundo esta de acuerdo que… Como ya sabe todo el mundo…
Seguro que todos hemos reconocido determinadas actitudes o acciones que –en nuestro ámbito laboral, social o político-, se desarrollan al amparo de alguna o todas estas reglas. Pues bien, no se trata de ningún moderno manual de marketing, corresponden a un artículo que el consultor de marketing, Marçal Moliné publicó hace un par de años en la revista Anuncios y en el que sintetizaba las principales reglas de la propaganda nazi.
Visto de qué forma ese estilo de comunicación impregna nuestra realidad, es obvio concluir que hoy el nazismo no es solamente una nefasta ideología, es una actitud ante la vida, una forma de actuar y comportarse. Se puede ser muy progresista y acabar actuando como un nazi. No llevan camisa parda, no saludan a la romana ni van con llamativas svásticas, pero viven con nosotros y, a veces, dentro de nosotros.
Para quien quiera saber más:
Existe un excelente trabajo de la profesora Emma Rodero Antón de la Universidad Pontificia de Salamanca titulado:
“Concepto y técnicas de la propaganda y su aplicación al nazismo”











