Y si nos arriesgamos

La mayoría de nosotros nos pasamos la vida coleccionado, a partes más o menos iguales, dudas y certezas. Las dudas nos despiertan inquietudes, las certezas también pues, en el fondo, no dejan de ser dudas disfrazadas de certezas. Así, sabemos que vamos a morir, esa es una certeza obvia. Pero no sabemos cuando, ni donde, ni como... esas son las dudas que enmascaran una presunta certeza.
Vivir es, con toda seguridad, el concepto más polisémico que existe. Significa algo distinto para cada uno de nosotros y, así, existen tantas definiciones como seres humanos. Es un concepto que vamos definiendo en el devenir de nuestra propia vida. Leila Pinheiro en una hermosa canción dice que vivir es "afinar un instrumento, de dentro hacia fuera, de fuera hacia adentro, en toda hora y en todo momento…”. No sé si la definición es muy acertada o no, pero la canción es preciosa.
Vivir es básicamente tomar decisiones, y por consiguiente asumir riesgos. En una época tan absurda como la nuestra, donde existe una ocupación para cada presunta necesidad, por supuesto existe la de experto en percepción de riesgos.
En una curiosa película de John Hamburg, que aquí se tituló “Y entonces llegó ella”, Ben Stiller daba vida a uno de ellos. Una persona obsesionada por minimizar el impacto de cualquier decisión a quien hacía entrar en crisis una esplendida Jennifer Aniston que personificaba el polo opuesto. (Si, lo confieso, me gustan las comedias románticas y me gusta Jennifer Aniston, que le vamos a hacer, nadie es perfecto).
Ben Stiller representaba a un personaje, pero Paul Slovic es, en verdad un experto en percepción de riesgos. Me llamó la tención en una entrevista que publicaron en la Vanguardia hará ya cerca de una año y que se puede leer integra en el blog de el gong, cuando afirmaba que "he dedicado mi vida a probar que separar la razón de los sentimientos no es aconsejable y, además, es imposible."
Slovic abunda en la idea que no todo se puede decidir en función de conceptos racionales ni datos estadísticos. Que, aquello que llamamos intuición no solo pesa más en la toma de nuestras decisiones sino que, a menudo, es más certero. Y dado que no podemos actuar en función de un permanente cálculo de probabilidades ¿por qué no dejarnos llevar por nuestro corazón?.
Quién no se arriesga no vive, dicen. La certeza es que nunca te despertarás viéndote en sus ojos. La duda es ¿Qué pasaría si le dijeras que la quieres?
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