Sobre la riqueza
Hace pocos días, la prensa se hacía reflejo de la publicación del Informe de desarrollo humano de la ONU que este año se ha dedicado a analizar los problemas derivados de la falta agua en el mundo. Entre otras muchas informaciones de interés, el conjunto no deja de resultar una retahíla de cifras escalofriantes. Me quedo con una de ellas: casi dos millones de niños mueren cada año por falta de agua potable.
Para remediar la situación, la ONU considera que son necesarios 7.812 millones de euros anuales para inversiones en canalizaciones, saneamiento y abastecimiento de agua en los países menos desarrollados. Según Naciones Unidas, esa cifra equivale a cinco días de gastos militares en el mundo.
El informe da otra cifra tanto o más escalofriante: la renta de las 500 personas más ricas del mundo es superior a las de los 417 millones de personas más pobres sumadas.
Hace tiempo que quería escribir sobre el tema de la riqueza. Un reciente post de Sísifo sobre el tema –aunque en su caso hablar de reciente es un atrevimiento, dada su prolijidad-, me devolvió el interés.
Riqueza es uno de esos conceptos que resultan terriblemente poliédricos. Para cada persona puede significar una cosa distinta. Riqueza es tiempo para compartir, riqueza es un libro que nos emociona, riqueza es un amigo, riqueza es aprender... Pero básicamente riqueza es dinero.
Y el dinero aún siendo un bien real, tangible, algo que podemos poseer y tocar, no deja de ser algo muy relativo. España es un país de mileuristas, un ingreso que dista mucho de permitir realizar un proyecto de desarrollo personal, un proyecto de vida. Pero con esos ingresos se pertenece al 12% de la población más rica del mundo. Curioso contrasentido. En Global rich list es muy fácil averiguar que lugar ocupas en el ranking de la riqueza en el mundo.
Si a alguien el hecho de saberse rico le produce algún cosquilleo especial, nada como bajar a la realidad. En Salary Timer podemos comparar nuestros ingresos con los de las grandes estrellas estadounidenses del cine, la música o los deportes. El que hace un momento era rico se convierte en pobre de inmediato.
No sé cual de los dos datos es más deprimente o inmoral. Una misma cantidad de dinero puede significar algo muy distinto en función del lugar donde vivas. Un pobre del primer mundo es clase media alta en el tercer mundo. Entrevistaba la televisión a un inmigrante subsahariano que vivía en la calle, en Barcelona, y a la pregunta si le merecía la pena haber venido para vivir en unas condiciones tan precarias, la respuesta era contundente "Si. Tengo una fuente de agua a dos minutos de aquí. En África, para conseguirla tenía que caminar tres horas".
Desde el año 2001 miles de argentinos han salido de su país para, como decimos aquí buscarse la vida por el mundo. Muchos han recalado en España y prometo que algún día hablaremos de ellos, al mismo tiempo Argentina tiene que hacer frente a la regularización de 300.000 sin papeles provenientes de otos países sudamericanos, principalmente de Paraguay y Bolivia. De nuevo la búsqueda de la riqueza se convierte en algo muy relativo. De nuevo otro extraño contrasentido.
Y cuando todo el mundo anda en pos de la riqueza, hay ricos que quieren ser pobres. La cadena británica de televisión Channel 4 está pronta a estrenar un nuevo reality en donde un selecto grupo de millonarios conocerán de primera mano la vida de pobre.
John Elliott, que tiene una fortuna de 90 millones de euros, abandonará durante diez días su mansión con piscina climatizada para vivir de modo encubierto en una zona deprimida de Liverpool, con sólo 16 euros en el bolsillo cada día. Ben Way, que ha obtenido grandes beneficios en el sector de las puntocom trabajará en un centro para jóvenes de un barrio del noreste de Londres. Por su parte, el llamado rey del curry de Glasgow, Caran Gill, pasará los días en una población con mucha inmigración para conocer la situación de las personas que han llegado recientemente al Reino Unido. Ricos haciendo de la pobreza un espectáculo.
Son más de mil millones de personas las que viven todavía con menos de un euro al día. Al mismo tiempo y haciendo un repaso somero a las noticias de la prensa de los dos últimos meses descubrimos que la firma británica de confitura F. Duerr & Sons celebra su 125 aniversario produciendo la mermelada de naranja más cara del mundo: cada tarro de mermelada cuesta 1.100 libras (1.630 euros); que en Hong Kong un hombre paga 37.000 euros por llevar Beatles en la matricula del coche; que un bilbaíno desembolsa la suma más alta jamás pagada en España por un menú para dos en el restaurante El Bulli: 3.300 euros; que un sándwich mordisqueado por Britney Spears ha sido vendido en internet por 520 dólares; o que el propietario del restaurante madrileño El Ñeru pagó 3.400 euros por un queso de Cabrales de dos kilos.
Hace muchos años me asombré viendo un cartel electoral del partido socialdemocrata sueco. En él, un joven muy guapo y muy rubio, a bordo de un descapotable y acompañado de su magnífico perro dálmata, pedía el voto de los trabajadores para el partido de los trabajadores. Ese día descubrí que no todos los trabajadores somos iguales. Como la riqueza, que tampoco es igual para todos.
"Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé", decía Enrique Santos Discepolo en el tango Cambalache, pero es que además, está muy mal repartido.
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