lunes, 21 de mayo de 2007

La campaña electoral y 3: los asesores


“No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer.” Cuando pienso en asesores, me viene a la cabeza esta cita de Steve Jobs, el fundador de Apple, y que hace unos días recogía Microsiervos.

Una campaña electoral se puede plantear sin tener ningún programa, sin dinero, sin voluntarios, sin muchas cosas de las que creemos necesarias. Solamente hay dos imprescindibles, el candidato y los asesores.

Asesores los hay de muchas clases. En primer lugar está el amigo americano. No sirve de gran cosa, pero viste mucho. Básicamente responden a dos tipologías, el senior semiretirado que todavía realiza algunos trabajos de frelance y que se acostumbra a pasear con permanente cara de mala leche y como pensando que hago yo aquí con estos inútiles-ignorantes, con lo bien que estaría tomando el sol en Florida, y el junior, enviado por alguna empresa acreditada para que se foguee en las fronteras del imperio, y que parece el típico vendedor de coches de segunda mano de Arkansas o un misionero Mormón. No hacen nada, no sirven de nada, pero hay candidatos a los que les gusta pasearlos para darse importancia y que los demás vean que cosmopolitas son y que bien preparan sus campañas.

Están los asesores para temas específicos. A mi me encantan los asesores para debates televisivos. Normalmente son viejas glorias del medio o profesores cerca del final de su carrera. No me resisto a transcribir alguna de las recomendaciones (verídicas) remitidas a un importante candidato en estas elecciones: Sonreir. No hace falta estar de acuerdo con todo lo que diga el enemigo. Las frases se componen de sujeto, verbo y predicado. No apoyarse en al atril. No cruzar los pies. Mostrar interés (o que lo parezca). La corbata arriba. Los puños que salgan de la americana, pero poco y la americana abrochada. Cobran y bien, y los siguen contratado.

Los asesores que más peligro tienen son, a mi parecer, los presidentes de agencias publicitarias contratadas para la campaña. Un publicitario es, por definición, un magistral vendedor y ahí radica su peligro. Son capaces de hacer comprar al candidato la idea más estrafalaria y hacerla pasar por genial. Hubo un tiempo en que fueron geniales, pero ahora que ocupan el máximo cargo al que pueden aspirar en su carrera, que coleccionan premios internacionales y que disponen de una más que saludable cuenta corriente se creen ya por encima de la historia. Hace tiempo que viven de las ideas de sus equipos y los hacen temblar cada vez que se despiertan con una propia. Conocí a uno que logro convencer a un candidato que el eje central de su campaña tenía que ser “yo te prometo que...” y lo hizo en una época que la palabra prometer estaba ya terriblemente desprestigiada, pero lo logró con un argumento incuestionable, los otros no pueden utilizar esta frase porque no tienen credibilidad, pero tu si la tienes y tu puedes hacerlo. Afortunadamente para el candidato, su propio partido se negó a utilizar la frase como eslogan electoral. Hay algún libro impagable aparecido poco después de las elecciones que hicieron presidente a Zapatero que, escrito en primera persona, relata como el presidente de la agencia prácticamente descubrió al candidato y casi pegó los carteles que le hicieron presidente. Todo lo que sucedió en aquella campaña fue idea suya.

Finalmente, y para no cansar, citaremos la última clase de asesores, los del propio partido. En España los llamamos fontaneros, en Italia, que para lo bueno y para lo malo, es un país con una cultura política parecida a la nuestra los llaman portaborse (los que llevan la maleta en una traducción aproximada). Existe una sensacional película de Daniele Luchetti así titulada y que en España se llamó La voz de su amo protagonizada por el impagable Nanni Moretti que relata la imparable ascensión de un modesto profesor de literatura contratado por un ministro para que le escriba los discursos. Con todo yo me quedo con la denominación que le damos en Cataluña, los palanganeros (los que llevan la palangana), personajes imprescindibles en los antiguos burdeles de ayer y hoy en la política. Con todo, el fontanero-palaganero es el que acaba poniendo un poco de sentido común en la locura de una campaña.

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2 Comments:

Anónimo opina...

Tiene que haber de todo en el mundo, hasta Palanganeros (me encanta el término). Si no, ya me dirás como estaría el suelo de vomitonas con tanto candidato...

Mañana me asesoro por alguien, lo juro.

Beso.

CRISTINA opina...

Lo de palanganero por aquí tiene el mismo significado que tú explicas pero con un punto despectivo, bastante despecitvo.
¡Qué chula la foto!
Un beso